¡Que refleja mi estilo de vida! 2ª parte
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Introducción
En mi época existió un comediante y actor mexicano llamado “Mario Moreno Cantinflas”, su característica como actor era hablar y hablar y hablar y no concluir nada. Eso mismo pasa cuando tú no sabes para dónde vas.
Esta semana leí en una de las redes sociales una frase que me llamó la atención:
“aquel que no sabe a dónde va, es mejor que no lleve pasajeros”.
Pensando en lo anterior, Quiero compartirle cuatro acciones que desarrolla una Iglesia con visión, que tiene claro el conocimiento para conectar al creyente con el propósito de Dios:
- CLARIDAD – es la capacidad que tienen los procesos de que las personas lo
Comprendan y lo comuniquen. La Biblia dice “sed santos como yo soy santo”, toda iglesia debe darle las herramientas al creyente para acercarse a esa transformación que Dios quiere.
Nuestra visión posee esas herramientas:
Tiene un propósito (el, que)
El propósito de la visión tiene tres elementos claves: obedecer – enseñar – influenciar.
Tiene un proceso (el cómo): a través de: los servicios de adoración – el plan de crecimiento – los GDV – el servicio.
- MOVIMIENTO – una iglesia que no avanza en el paso a paso de la regeneración se
Estanca, no crece ni espiritual ni numéricamente. La Biblia es un completo desafío para el creyente y lo invita a crecer. La vida del creyente debe ser transformada más y más, debe ser progresiva.
- ALINEACIÓN – tiene que ver ciento por ciento con el sentido de pertenencia.
Tengo que hacer mía mi identidad como iglesia para poder transmitir a otros. Dios desea el milagro de la unidad para su Iglesia, uds y yo tenemos una responsabilidad muy grande, LA UND. El señor Jesús sabía de la hecatombe religiosa de estos tiempos y clamaba
“Para que todos sean uno; como tú, oh, Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”
- ENFOQUE – aprender a decir no a todo aquello que me saque del propósito de Dios y
esto es “santidad”, aunque no lo creas, el activismo te desenfoca del proceso de santificación.
Cuando acepté el pastorado delante de Dios, no de los hombres, entendí la responsabilidad que tenía delante de ese que me llamó a conducir un pueblo de dura cerviz al propósito de Dios y cuando se me olvida él me acuerda lo que Dijo el profeta Oseas:
“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.”
Hay una gran urgencia por volver a la palabra, salir de esa maraña de trabas que el mundo nos ha colocado para alejarnos de nuestra intimidad con Dios.
Yo anhelo que Ud. Comprenda que la Palabra de Dios es un medio de reflexión, es un espejo en el cual debemos mirarnos y vernos tal como somos.
Necesitamos vernos en este “ESPEJO DE LA GLORIA DEL SEÑOR” para cambiar nuestras vidas. La Biblia nos muestra la imagen de Cristo, con el fin de que podamos medir nuestra conducta y nuestro carácter a la luz de Su imagen, y permitirle a Dios que nos conforme a la semejanza de Cristo
El objetivo es que nosotros nos veamos a cara descubierta frente al espejo del Señor y decirle, Señor:
¿Cuáles son las áreas en mí vida espiritual que tienen que ser arregladas por ti?
Vamos a continuar permitiendo que Dios nos hable a través de su palabra.
Santiago 1:22-25
“aquel que no sabe a dónde va, es mejor que no lleve pasajeros”
¿Cuáles son las cosas que necesitamos deshacernos para escuchar la voz de Dios? A nuestra vida le puede pasar como a nuestras casas, Cuántas cosas se guardan en ellas que a la larga hay que desecharlas porque son basura y sin utilidad.
¿Cómo recibimos la Palabra? Tenemos que desarrollar una capacidad de escuchar la Palabra de Dios. Tenemos que desarrollar una lengua controlada y un espíritu controlado para recibir la Palabra de Dios. Necesitamos desarrollar una vida limpia, en obediencia a la Palabra de Dios. ¿Qué tan dispuestos estamos para oír y qué tan lento para hablar? ¿Estamos preparados para controlar la ira, la lengua y las actitudes? ¿Qué hay de dejar toda inmundicia y abundancia de malicia en nuestras vidas?
¿Tomo en serio el mantenerme sin mancha en este mundo? ¿Soy un hacedor de la palabra o un oidor olvidadizo?
La Biblia, como “espejo del alma” me confronta de esa manera. ¿Cómo salgo al mirarme en la palabra de Dios?, y si ella revela que hay algo extraño en mi vida, debo dejar que ella me limpie. (salmo 139:23-24)
Recuerde que la palabra de Dios tiene la misión de limpiarnos para que vivamos santamente. ¿Cuál será nuestra respuesta? Santiago nos hace esta invitación: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”.
El domingo anterior compartí la importancia de aprender a oír con mansedumbre, a hablar con sabiduría y a recibir con pureza la palabra de Dios. Hoy quiero hablarles sobre la importancia de obedecerla.
Es indispensable oír la palabra con una actitud de obediencia, pero ni siquiera eso es suficiente. La obediencia a la palabra es el requisito espiritual más esencial y es el común denominador de todos los creyentes. La verdadera vida espiritual no es un sentimiento momentáneo de compromiso, sino una obediencia que perdure y trascienda con el tiempo
El apóstol Pedro nos exhorta a determinar realmente quiénes somos en Cristo Jesús Señor nuestro.
Él dice en 2ª pedro 1:10: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.”
La forma en que nos comportamos es una muestra de nuestra salvación o de nuestra condición perdida. Muchos asisten a la iglesia, hacen una confesión de fe y confiesan ser cristianos pero su estilo de vida evidencia que no lo son.
Un estilo de vida que agrada a Dios tiene que ver primero con verme introspectivamente, antes que juzgar, criticar, o murmurar de los demás. Si me creo espiritual, tengo que entender que esa espiritualidad me lleva a verme a mí mismo primero antes que a los demás
Alguien decía
“El simple hecho de que un payaso este en un palacio, no lo convierte en rey; pero si vuelve el palacio en un circo”
Mis amados “el hecho de estar sentados en una iglesia, no nos convierte en cristianos”.
Escuchar buenos sermones bíblicos, no nos hacen seguidores de Jesús…. ni tampoco el hecho de leer la Palabra de Dios religiosamente.
Santiago dice, que el conocimiento, sin acción, es inútil. Saber quién es Dios, y cuanto nos ama, pero no amarlo y obedecerlo a cambio, no sirve para nada.
Saber lo que Dios demanda y desea de Su gente, pero no hacer nada al respecto, no tiene sentido.
El saber requiere tomar una decisión práctica. No es suficiente escuchar la Palabra, debemos practicarla. Hay muchas personas, que tienen el concepto equivocado… de que el escuchar un buen sermón, o estudio bíblico, las hará crecer y obtener las bendiciones de Dios. ¡NO!
No es el escuchar, SINO EL HACER, ¡lo que trae bendición!
Muchos creyentes marcan sus Biblias, pero sus Biblias no los marcan a ellos. Si uno piensa que es muy espiritual, solo porque escucha la Palabra, se está engañando a sí mismo.
Muchos escuchan con regularidad la predicación de la palabra, dicen creer en ella y la analizan correctamente con los demás miembros. Pero su corazón está carente de la gracia salvadora y transformadora de Dios.
El señor Jesús declaró en mateo 7: 21-22
La vida cristiana es un trabajo arduo. El cristianismo involucra esforzarse metódicamente para implementar las verdades de la Palabra de Dios en tu vida.
La profundidad y madurez espiritual no vienen sin esfuerzo continuo. Mira esto: Jesús acababa de dar el Sermón del Monte, donde había enseñado verdades muy profundas. Verdades jamás antes dichas.
El Hijo de Dios había explicado claramente la clase de vida que le agrada al Padre. Y aun así, Jesús sabía que cuando terminara Su sermón, habría algunos que se irían, y jamás aplicarían la Palabra que acababan de escuchar.
Iglesia, cuando un verdadero cristiano busca en la palabra de Dios con sinceridad y humildad encontrará dos cosas: su propio pecado y el salvador, rey de reyes. Cuando esa persona mira y responde a Cristo y luego vive su palabra, recibe bendición al hacerlo.
El libro de Josué dice en 1:8-9
No hay ningún atajo, ni método rápido, para obtener la madurez espiritual. La madurez solo viene a través de trabajo duro, y de obediencia a lo que Dios dice.
La próxima vez que escuches a Jesús hablar, comienza a aplicar Su verdad a tu vida inmediatamente para que ninguna tormenta perturbe o inquiete tu vida.
¿Se acuerdan del cuento de Blanca nieves? La famosa historia del espejo que hablaba y no podía mentir. La Reina, la madrastra de Blanca nieves, era muy bella, pero era orgullosa y altanera, y no podía aguantar que nadie fuera más hermosa, que ella. Tenía un espejo prodigioso, y cada vez que se miraba en él, le preguntaba:
“Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es en este país la más hermosa?” Y el espejo le contestaba, invariablemente: “Señora Reina, eres la más hermosa en todo el país”. La Reina quedaba satisfecha, pues sabía que el espejo decía siempre la verdad.
Blanca Nieves fue creciendo y haciéndose más bella cada día. Cuando cumplió los siete años, era tan hermosa como la luz del día, y mucho más bella que la misma Reina.
Un día “la Reina” le pregunta al espejo: “Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es en este país la más hermosa?”. Respondió el espejo: “Señora Reina, tú eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más bella”.
Todos los espejos tienen una cosa en común: NO MIENTEN. Así que, aun si nuestro peinado no está muy bonito en ese momento, o si tenemos una linda sonrisa, los espejos reflejan fielmente la verdad. Santiago nos enseña que la Palabra de Dios es un espejo sobrenatural que puede ver “muy por encima de la superficie,” y exponer al corazón.
En lugar de preguntar, “¿Soy yo el mejor?” deberíamos de estar descubriendo, “¿Soy yo fiel con mis palabras y mis acciones?” El espejo de Dios revela las contradicciones que hay en nuestra vida religiosa. Así que pregúntese: “¿Escucho yo la Palabra de Dios? ¿Estoy haciendo lo que Dios me dice?”
Una lectura superficial de la Biblia no nos puede revelar nuestras necesidades de cambio.
Si vamos a usar provechosamente el espejo de Dios, debemos de fijarnos en él completamente. Un simple vistazo no es suficiente. Debemos examinar nuestro corazón y nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios.
Este acto requiere tiempo, cuidado y entrega sincera.
Así que, unos minutos diarios a solas con Dios o asistir al servicio de adoración los domingos no son suficientes para un examen espiritual completo. Después de examinarnos, debemos recordar lo que somos… y lo que Dios dice… y luego, ponerlo en práctica.
¡La bendición no viene con solo leer la Palabra, sino con hacerla!
¿Por qué llama Santiago a la Palabra de Dios la ley perfecta, la ley de la libertad?
al obedecerla, Dios NOS LIBERA de la esclavitud del pecado, y nos hace libres para una correcta obediencia. El Salmo 119:45 dice:
El espejo de la Palabra, no solo nos examina y nos muestra nuestros pecados, sino que también nos limpia. Mira lo que dice Isaías 1:16-20
Después de que Dios nos restaura, Él quiere que comencemos a cambiar para que crezcamos en gracia, para no volver a cometer el mismo pecado. Pero Muchos creyentes confiesan su pecado y piden perdón, pero no crecen espiritualmente, para poder vencer la carne y el pecado.
Quiero que sepas esto: Toda la palabra de Dios es liberadora desde Génesis hasta apocalipsis y No debemos escoger solo los versículos que queremos leer y estudiar. No debemos afirmar sólo los versos que nos gustan, e ignorar aquellos que nos condenan. Si vamos a ser discípulos maduros, debemos de permitir que toda la escritura nos hable, y nos enseñe lo que Dios quiere que aprendamos.
Cuando llenas tu mente con las escrituras, y obedeces Sus instrucciones, Él te guiará por los caminos de justicia.
La Escritura te preparará para cualquier buena obra, a la que Dios te llame.
Conclusión
Si te sientes inadecuado para la tarea que Dios te ha dado, escudriña las Escrituras, porque dentro de ellas encontrarás la sabiduría que necesitas para llevar a cabo Su misión. Permite que la Palabra de Dios te impregne, te guíe… y que enriquezca tu vida.
¡AMEN!