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Favoritismo: “Marca de un falso creyente”

Introducción

El capítulo 2 de la epístola de Santiago tiene 26 versículos, y el pastor dedica la mitad de ellos a tratar un problema que afectaba profundamente a la iglesia primitiva: el favoritismo o la acepción de personas.

Para los lectores originales, este no era un tema nuevo. Ellos estaban muy familiarizados con las advertencias contra la discriminación que aparecen en el Antiguo Testamento, especialmente en Levítico, Deuteronomio y Proverbios.

Así que este pecado no era exclusivo de aquella época. Al contrario, cobra tanta vigencia en nuestros tiempos que es necesario y urgente exponerlo hoy.

 

Siempre que en la biblia se habla de favoritismo o acepción de personas, se denuncia como un pecado del hombre con consecuencias gravísimas, recordemos algunos ejemplos:

ISAAC Y REBECA: 

Formaban una pareja muy particular, pues cada uno eligió a su propio hijo favorito. Esa dinámica sembró una rivalidad fraternal cuyas consecuencias trascendieron la historia y aún hoy seguimos viendo, especialmente en el conflicto de Medio Oriente.

ISAÍ: 

El padre de David practicaba una forma inversa de favoritismo: el menosprecio. Hizo pasar a siete de sus hijos delante del profeta Samuel, ignorando deliberadamente a David. El profeta tuvo que insistir: ‘¿No tienes más hijos?’, a lo que Isaí respondió casi con desdén: ‘Queda aún el menor, que apacienta las ovejas’. Tristemente, sus hijos imitaron esta conducta. Vemos a su hermano Eliab repetir el patrón de su padre cuando David les lleva comida: lo regaña, lo maltrata y lo acusa injustamente de tener un corazón malvado y de ir allí solo por curiosidad.

PEDRO: 

Finalmente, tenemos el caso estremecedor del apóstol Pedro. Ni siquiera este gigante de la fe fue inmune al pecado de la acepción de personas. El apóstol Pablo tuvo que reprenderlo cara a cara, porque Pedro actuaba con hipocresía: comía libremente con los gentiles cuando estaba solo con ellos, pero apenas llegaban los judíos legalistas, se apartaba y se retraía por puro miedo a los partidarios de la circuncisión.

 

Tristemente, este pecado sigue vigente en la iglesia actual. Un claro ejemplo es el nepotismo ministerial que se ve en algunas iglesias: vemos cómo los sucesores del pastor son casi exclusivamente sus hijos o parientes, estableciendo verdaderas dinastías dedicadas a ocupar los cargos más altos dentro de la congregación. (dato curioso sobre el origen de la palabra: La palabra nepotismo proviene del latín nepos (sobrino). 

Durante siglos, Papas y obispos otorgaban cargos poderosos, tierras y riquezas a sus “sobrinos” (que a veces eran sus propios hijos ilegítimos) en lugar de a las personas más cualificadas espiritualmente.).

 

La carta de Santiago es un tesoro de mensajes prácticos diseñados para poner a prueba nuestra fe. Deberíamos ver esta epístola como una lista de chequeo espiritual, un espejo para evaluar nuestra integridad y la autenticidad de nuestro cristianismo. Hoy nos enfrentamos a una nueva prueba, un examen profundo sobre nuestras relaciones: ¿Cómo estamos manejando el pecado de la acepción de personas? 

Dios no te dio dones y talentos para que los escondas; no te rescató de tu vana manera de vivir para que te encierres en una burbuja de comodidad construida con las mismas bendiciones que Él te dio. Al contrario, te escogió y te equipó para que reflejes Su gloria.

Santiago 2:1-3

LA FE EN NUESTRO GLORIOSO SEÑOR JESUCRISTO SEA SIN ACEPCIÓN DE PERSONAS (El opuesto): (Verso 1) Santiago inicia anteponiendo nuestra fe en Jesús y esto nos debe ser familiar para esta época. Venimos de pasar tiempo con familiares y amigos y muchos de ellos no son creyentes y por el contrario nuestra cristiandad les molesta; así que no desaprovechan ningún momento para increparnos: “¿luego usted no que dizque es cristiano?”. Esa es la manera negativa de hacernos ver que lo que dijimos o hicimos parece contraria a la fe que profesamos.

 

La manera positiva es la que nos plantea Santiago: “que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.” O como lo traduce la NTV: “¿cómo pueden afirmar que tienen fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo si favorecen más a algunas personas que a otras?

“¿luego usted no que dizque es cristiano?”. Si Pastor Santiago. ¿Entonces por qué tiene un comportamiento tan anticristiano como la acepción de personas? Es que ser cristiano no es hablar de Cristo, implica seguir las pisadas del Maestro, y nuestro Señor jamás mostró favoritismo.

Tal vez podrías pensar que los doce discípulos eran sus ‘favoritos’, pero la Biblia nos demuestra lo contrario. Los relatos de su elección en Mateo 10, Marcos 3 y Lucas 6 nos revelan que Jesús los llamó por el puro afecto de Su voluntad soberana. No hay un solo versículo que indique que ellos hicieron algo para impresionar al Maestro. Eran hombres comunes y corrientes, escogidos por pura gracia para ser los cimientos de la iglesia (Apocalipsis 21:14).

Y si aún dudas, mira el final de sus vidas: la gran mayoría murió martirizada. Si eso significa ser el ‘favorito’ del Señor, ¡creo que es mejor no ser el ‘pechichón’ de Dios! 

Es cierto que Jesús tuvo un círculo cercano a quienes confió mayores responsabilidades y el privilegio de participar en la extensión de Su reino. Pero no nos confundamos: eso no fue favoritismo, sino una asignación de servicio y sufrimiento. La prueba de que no eran sus ‘consentidos’ intocables es que, lejos de mimarlos, fue con ellos con quienes fue más exigente. Cuando tuvo que reprenderlos, lo hizo con total firmeza y sin pasarles ni una sola falta.

 

Jesús nunca hizo acepción de personas. Todo lo contrario, se mostró cercano para con todos y esto generó extrañeza en muchas personas, por ejemplo, para: 

a). los líderes religiosos: 

Cuando vieron a Jesús reunido alrededor de la mesa para comer al lado de cobradores de impuestos (traidores) y pecadores, preguntaron a los discípulos: ¿Por qué come con semejante escoria?” (Marcos 2:16b NTV). La respuesta de Jesús es hermosa leemos en el verso 17: “Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” (Marcos 2:17). He oído a gente decir: “Es que yo no voy a la iglesia porque está llena de gente hipócrita”, pues mi amigo, mi amiga, únete, bienvenido; porque tú también lo eres y como alguien dijo: “La iglesia no es un museo de santos, sino un hospital de pecadores”

b).Sus discípulos: 

Cuando Jesús llega a Samaria, entra en territorio hostil. Los judíos despreciaban tanto a los samaritanos por su mezcla racial y religiosa que preferían dar rodeos enormes antes que cruzar por allí. Pero Jesús no conoce el prejuicio. Noten esto: Jesús rompió tres barreras de un golpe. La racial, la social y la moral.  Allí estaba el Santo de Israel conversando públicamente con una marginada social. Con razón el versículo 27 de Juan 4 dice “Justo en ese momento, volvieron sus discípulos. Se sorprendieron al ver que Jesús hablaba con una mujer, pero ninguno se atrevió a preguntarle: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué le hablas?».” (Juan 4:27 NTV). 

 

IFRAN, Jesús no excluyó a nadie. En Cristo no hay diferencias, como dice la biblia: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (GÁLATAS 3:28 RVR1960). 

Y en la iglesia tampoco debe haber diferencias,  sus títulos, sus cargos, mis queridos se quedan afuera de la iglesia, aquí somos “Duty free”, libre de títulos y posiciones.

Así que los que oran porque el Israel nación acabe con los palestinos, les invito a que revisen su teología a la luz de las escrituras y se pregunten si en Palestina, Irán, Siria o en Líbano no hay hijos de Dios? Como dice el canto que describe Juan en el libro de Apocalipsis: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;” (APOCALIPSIS 5:9)

 

Así que lo que Santiago nos está diciendo es, cómo pueden ustedes que, dicen tener fe en nuestro GLORIOSO Señor Jesucristo, comportarse contrario a Él. Es decir, cómo pueden comportarse como los de este mundo, teniendo favoritismo; si se supone que ustedes ya no son de este mundo, como dice Juan 15:19.

 

Ahora bien, fijémonos como el pastor Santiago se refiere a Jesús. Nuestro glorioso Señor Jesucristo.

La palabra traducida del texto original es “δόξης” (Doxa), proviene del verbo δοκέω (dokeō), que significa “parecer”, “creer”, “tener una opinión” o “pensar”. En el griego clásico, doxa significaba originalmente “opinión” o “reputación” (lo que otros piensan de ti).

Lo fascinante de Doxa en el Nuevo Testamento, es que no se usa con el sentido griego de “opinión”, sino que los apóstoles (como Santiago) lo usaron para traducir la palabra hebrea KABOD. Que significa “peso”, “gravedad”, “sustancia”.

Cuando Santiago habla de la “doxa” de Jesús, no está diciendo simplemente que Jesús “muestra” algo bonito. Está diciendo que Jesús tiene el peso de la divinidad, la sustancia real de Dios.

 

Jesús es la manifestación visible y perfecta de la gloria de Dios, como dice el apóstol Pablo en Colosenses 1:15-17Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;” 

Eso fue lo que deberíamos haber celebrado en el mes que pasó, que: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (JUAN 1:14).

 

IFRAN, lo más maravilloso de todo, es que Dios es tan bondadoso, amoroso y misericordioso con nosotros que nos usa para reflejar su gloria a través nuestro. Como dice la palabra en la segunda carta a los corintios en el capítulo 4, los versos 6 y 7: “Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros.” (2 Corintios 4:6-7 LBLA).

La física nos enseña dos formas de interactuar con la luz.

Una es refractar: es cuando la luz pasa por un vidrio o agua y se desvía, se distorsiona, cambia de dirección. A veces, tristemente nosotros hacemos eso: tomamos la verdad de Dios y la pasamos por el filtro de nuestro ego, y lo que entregamos es una imagen distorsionada de Jesús.

Pero Dios nos llama a reflejar: como un espejo. El espejo no añade nada a la imagen; simplemente la muestra fielmente. Como vasos de barro que somos, nuestra tarea no es cambiar la luz, es simplemente dejar que rebote en nosotros para que el mundo lo vea a Él, no a nosotros.

 

Hermano, hermana; Dios no te dio dones y talentos para que los escondas; no te rescató de tu vana manera de vivir para que te encierres en una burbuja de comodidad construida con las mismas bendiciones que Él te dio. Al contrario, te escogió y te equipó para que reflejes Su gloria.

​¿Dónde? Con tu familia, en el trabajo, en el vecindario y con tus amigos. Con los de afuera, pero también con los de adentro. Por eso, el 2026 debe ser el año en que le des el lugar que merece la iglesia local; esta, tu iglesia, que este año celebra su 30 aniversario.

​Permíteme mostrarte cuán importante es para Dios la congregación local. 

Casi todas las epístolas del Nuevo Testamento fueron dirigidas a una iglesia específica o a sus líderes. Incluso cuando Jesús se revela a Juan en la isla de Patmos, en la culminación de la revelación profética, no le habló al aire; dirigió sus mensajes a siete iglesias locales.

 

Podemos descansar seguros porque Dios, en su perfecta providencia, ha preservado una Palabra infalible. En 2 Timoteo 3, Él nos asegura que la Escritura es suficiente para enseñarnos y prepararnos enteramente.

​Pero ¿dónde ponemos en práctica esa preparación? La respuesta está en Hebreos 10: en la congregación. La Biblia misma nos ordena no dejar de congregarnos, porque Dios ha provisto la iglesia local como el espacio diseñado para ejercitar el amor, animarnos unos a otros y vivir la enseñanza que hemos recibido.

 

EL PROBLEMA NO ESTÁ AFUERA, ESTÁ DENTRO DE LA CONGREGACIÓN (El daño en la iglesia): (Verso 2): El problema está cuando venimos a la iglesia, no a reflejar la gloria de Cristo, sino a refractarla; esto le hace un daño tremendo a la congregación. Y por eso el pastor Santiago nos está exhortando a tener cuidado con la acepción de personas al interior de la iglesia.  

Por eso el texto inicia con la palabra “hermanos míos”, no le está hablando a inconversos, le está hablando a la iglesia, le está hablando a IFRAN. Le está diciendo ojo con el favoritismo, que es pecado (Santiago 2:9).

 

La acepción de personas trae problemas serios a la iglesia, como, por ejemplo:

A). Nos hace como los del mundo: 

La iglesia no existe para imitar al mundo, sino para mostrar a Cristo. Somos llamados a ser luz, aunque eso incomode a las tinieblas. Pero si empezamos a discriminar por apariencia, edad o billetera, ¿en qué nos diferenciamos? El mundo clasifica a la gente por su éxito; Cristo la ama por su valor eterno.

B). Nos divide: 

Si bien la iglesia no debe buscar la uniformidad y podemos hasta tener diferencias aún doctrinales que NO sean de primer orden, no debemos permitir la división o segregación; porque como nos dijo nuestro Señor Jesús: “Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.”. 

Por eso, no existe un IFRAN hombres y un IFRAN mujeres y un IFRAN infantil. Existe IFRAN, una iglesia con diferentes ministerios: de hombres, de mujeres, de parejas, de jóvenes, etc, etc. Como dice la biblia: “Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.” (Efesios 4: 4-6).

C). Nos aleja de Dios: 

Al ser la acepción de las personas un pecado (Santiago 2:9), este nos aleja de Dios y al volverse recurrente, se nos hace común y deja de dolernos porque endurece nuestro corazón (Efesios 4:18).

 

LA PRUEBA DE LAS MALAS INTENCIONES (El rico y el pobre): (Versos 2 y 3): 

Tristemente el favoritismo demuestra que nuestro corazón no está limpio y que aún Dios tiene un trabajo largo que hacer en nosotros. Santiago muestra a través de un sencillo ejemplo (nuevamente tomando como referencia a los ricos y pobres), como es que nuestras malas intenciones son las que guían nuestros prejuicios. (Santiago 2:4).

Así como los versos finales del capítulo 1 nos llevaron a descubrir que el no poner freno a nuestra lengua y el hablar mal, revela nuestro corazón. El favoritismo que mostramos a otros también refleja lo que hay en nuestro corazón, porque si llega un rico a visitar nuestra iglesia, supongamos un famoso: James. Trataríamos de sentarlo en los puestos de adelante y si la iglesia estuviera llena, le quitamos a alguien el puesto para dárselo a él y sus acompañantes. Pero ¿haríamos igual si llegara a visitarnos el señor que pide plata en el semáforo del caño a 2 cuadras de nuestra iglesia? 

 

El pastor Santiago no elige este ejemplo al azar. Guiado por el Espíritu Santo, lo usa para desnudar el razonamiento pecaminoso de la iglesia. Noten la terrible ironía: estaban totalmente deslumbrados por el brillo de un anillo de oro, pero ciegos ante la inmensa Gloria de Dios mencionada en el versículo 1.

Esto evidencia la condición de nuestro corazón cuando hacemos acepción de personas: juzgamos por las apariencias externas y olvidamos la realidad eterna. Olvidamos que a ese al que menospreciamos es portador de la imagen y semejanza de Dios. Y como nos recuerda el apóstol Juan: es imposible amar al Dios que no vemos, si despreciamos al prójimo que sí vemos.

Conclusión

El hermoso video que mostraba a muchos de ustedes describiendo lo que para ustedes significa la iglesia, me conmovió mucho, porque vi expresiones genuinas, sentí muchas palabras sinceras y apunté varias de ellas, dijeron que la iglesia es: Mi casa, mi hogar, mi lugar seguro, donde puedo ser, mi familia. Sin embargo, me entristecí al final del mensaje, porque no vi a ninguno decir la iglesia: SOY YO.

Como bien dijo el pastor Cesar en su intervención, a la iglesia no se viene a recibir, se viene a dar. Si usted piensa que la iglesia es su casa, es porque alguien o varias personas así se lo hicieron sentir, si usted considera que este es su lugar seguro es porque alguien creó el ambiente propicio para que usted se sintiera en su lugar seguro. Si usted cree que aquí es donde usted puede ser, es porque a usted nadie lo discrimina.

 

El título de este mensaje es: ‘Favoritismo: Marca de un falso creyente’. ¿Por qué digo ‘falso’? Porque el que verdaderamente ha nacido de nuevo sabe una cosa: Delante de Dios, ninguno de nosotros es el hombre del anillo de oro.

Hermanos y amigos, si hoy tú miras a otros por encima del hombro, si discriminas, si seleccionas a quién amar, es porque quizás no has entendido el Evangelio. Crees que tienes ‘ropa espléndida’ (tus títulos, tu dinero, tus años viniendo a la iglesia, tu ministerio). Pero la realidad espiritual es que tú y yo somos ese pobre con vestido andrajoso del versículo 2. Llegamos ante la presencia de Dios sucios por nuestro pecado, sin nada que ofrecer, en bancarrota espiritual. Y, sin embargo, el “Glorioso Señor Jesucristo” no nos hizo a un lado. Él no nos dijo: “Quédate tú allá lejos, o siéntate a mis pies en el suelo”.

Él bajó de su trono, se quitó su manto de gloria, fue a la cruz y nos dijo: “Ven, siéntate a mi mesa y sé mi hijo”.

 

Si Dios te amó así cuando no tenías nada, ¿con qué derecho discriminas tú a tu hermano?

Tal vez hoy, el Espíritu Santo te está mostrando que tu corazón está lleno de juicio, crítica y favoritismo, pero vacío de la vida de Dios. Quizás has venido a la iglesia por años, pero nunca has dejado que Cristo cambie tu corazón de piedra por uno de carne.

Hoy Dios te llama al arrepentimiento. El favoritismo es pecado. La discriminación es pecado. Y la paga del pecado es la muerte. Pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús.

 

No salgas de aquí confiando en tu “ropa espléndida” religiosa. Hoy te invito a correr a la Cruz. Reconoce que eres el mendigo espiritual que necesita gracia.

 

Si nunca has entregado tu vida a Cristo, hoy es el día. Él no hace acepción de personas; Él recibe a todo el que viene arrepentido.

 

Y si eres creyente, pero has estado actuando con parcialidad, arrepiéntete. Pídele al Señor que te perdone por mirar lo de afuera y no amar como Él ama.




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Maicol Pérez 1000 a.m.

Favoritismo: “Marca de un falso creyente”

📖 Santiago 2:1-3

🗓11 de Enero de 2026