La ley real, la misericordia y la fe en acción
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Introducción
Hay un texto en la Biblia en el evangelio de Juan que dice que Dios busca que los adoradores le adoren en espíritu y verdad; ¿esa verdadera adoración que ÉL pide tendrá que ver con la alabanza movida o lenta que hacemos al introducir nuestros servicio de adoración?, yo diría un rotundo ¡NO!
Cuando pensamos en adorar a Dios, al Dios de la Biblia, le adoramos por lo que él es, no por lo que puede hacer por nosotros y esto tiene que ver con sus atributos. ¿Conoces algunos atributos de Dios Jehová de los ejércitos?……….
Bien, cuando pensamos en los atributos de Dios, su naturaleza y sus características divinas, por lo general pensamos en cosas tales como: su santidad, su justicia, su omnipotencia, su omnisciencia y omnipresencia, pensamos en su inmutabilidad, su eternidad, su soberanía, en su justicia y en lo perfecto de su gracia, amor, fidelidad y bondad.
Pero hay un atributo de Dios en el que no pensamos y pues poco o casi nada se menciona y es “SU IMPARCIALIDAD”.
Este atributo es mencionado a lo largo de todas las escrituras. Dios es total y absolutamente imparcial al tratar con las personas, y en esto al igual que en los demás atributos es diferente a nosotros.
Por más que queramos, los seres humanos y en especial los cristianos no somos imparciales, tenemos la tendencia de encasillar a las personas en categorías predeterminadas clasificándolas por lo que parecen, por sus ropas, su raza o etnia, su condición social, su personalidad, su inteligencia, por su riqueza y poder, por el auto que maneja etc. etc.
Déjame decirte que para el Dios en el que creó todo lo que para nosotros es importante en la apariencia, para él no tiene nada absolutamente nada de significado
La Biblia dice en Deuteronomio cap. 10:17:
Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho.
Pero también dice en mateo 22:37-40
Y me surgen dos preguntas:
- ¿Podemos decir amar mucho a Dios y rasgar nuestras vestiduras, pero tratar mal a las personas?
- ¿podemos servir en la iglesia y al mismo tiempo discriminar?
Porque lo que Dios espera que su pueblo refleje, es esa misma imparcialidad que él nos enseña en la vida y la palabra del Señor Jesús .
Estamos estudiando la carta del apóstol Santiago, esta epístola es muy práctica y trata mucho más sobre asuntos cotidianos que sobre teología y doctrina en el sentido corriente
Santiago 2:1-13
Para no caer en el favoritismo, el cristiano debe valorar a las personas sobre la base de lo que son y no de lo que tienen.
En términos generales, el capítulo uno de Santiago hace hincapié en la actitud interior del cristiano. Se confronta a los cristianos con las pruebas y tentaciones en medio de las situaciones difíciles, y se les exhorta a prestar atención a la Palabra de Dios para obedecerla.
El capítulo dos proyecta la fe del creyente hacia una nueva dirección y habla básicamente sobre la relación de la fe con el prójimo. Entonces, en el capítulo dos el hincapié no está tanto en el conocimiento de la Palabra de Dios, sino en la aplicación de ella. Es lo que le llamamos en este lugar “estilo de vida que agrade a Dios”
y….. porque Santiago en el ver.8 ¿le llama la ley real?
- Porque viene del rey el señor Jesucristo (mateo 22:37-40 que acabamos de leer)
- Porque gobierna todas las demás leyes.
- Pero sobre todo resume la voluntad de Dios Jehová de los ejércitos (mateo 22:40)
Si tú supieras que en “un día” vas a tener una reunión “de media hora” con el presidente de una multinacional o te cita el gerente general de la compañía donde trabajas, ¿te arreglarías muy bien, te pondrías la mejor pinta, y hasta estarías pensando en lo que le ibas a decir?
Pero ¿qué tal si tú supieras que en “un día” ibas a tener una reunión con un vagabundo?, o con el equipo encargado del aseo y la limpieza de tu compañía, ¿Te esforzarías por lucir bien ante él, como lo hiciste para con el presidente?
Todos tenemos la fea tendencia de catalogar a la gente. Y hay muchas maneras de hacerlo. Y estas categorías pueden tener una profunda influencia en la forma cómo las tratamos.
La acepción de personas ha sido y es un problema de los seres humanos. Este problema incluye también a los cristianos. Pero Santiago tiene un mensaje para ayudar a los cristianos a enfrentar con éxito el problema de la acepción de personas en la iglesia.
Para no caer en el favoritismo, el cristiano debe valorar a las personas sobre la base de lo que son y no de lo que tienen. Para no caer en el favoritismo, el cristiano debe entender que la acepción de personas está en conflicto con los principios de la Palabra de Dios. Para no caer en el favoritismo, el cristiano debe medir sus decisiones y acciones según los criterios de la Palabra de Dios, no según los criterios de la sociedad.
Santiago pone en claro que la acepción de personas no es simplemente descortés e irrespetuosa, sino que es un grave pecado.
Ser parcial está en total conflicto con lo que la santa palabra de Dios enseña, si somos salvos, somos hijos de Dios; y si somos sus hijos debemos imitarlo. La Biblia se refiere puntualmente a la palabra acepción de personas 19 veces (esto reviste la importancia de ponerle mucha atención. (Volver a leer Deuteronomio 10:7)
El apóstol Pablo afirma enfáticamente que no hay acepción de personas para con Dios
¡NO debería de haber parcialidad, ni prejuicios! Si una persona discrimina contra otros, ya sea, por el color de su piel, o el estado de su cuenta bancaria, él o ella no tiene verdadera fe.
Si una persona trata a otra, como si fuera insignificante, ya sea por a su baja condición social o su falta de influencia, entonces esta persona no tiene verdadera fe.
El favoritismo es una tendencia o inclinación a favorecer más a unas personas que a otras, sin valorar su mérito o lo que es justo. Santiago confronta esta discriminación, como pecado, y nos exhorta a evitarlo, a como dé lugar.
¡DIOS ES IMPARCIAL! ¡Con El no hay discriminación ni favoritismo! Su imparcialidad es tema de todas las escrituras
En 2º de Crónicas 19:7 el rey Josafat dice, “Así que tengan cuidado con lo que hacen, y que el temor del Señor sea con ustedes. Con el Señor, nuestro Dios, no hay injusticia, ni acepción de personas, ni hay lugar para el soborno.”
El texto de Santiago es una AMONESTACION A LOS CREYENTES, ya que el prejuicio, la discriminación, y la intolerancia son los males siempre presentes en nuestra cultura, tanto dentro como fuera de la iglesia.
No te dejes influenciar por las apariencias… de cómo luce la gente, la ropa que se pone, o su nivel económico. Has como hacía Jesús. Trata a todos con compasión, y habla siempre sin comprometer la verdad.
Santiago condena esta clase de comportamiento porque Cristo los había hecho a todos UNO en Él.
¿Por qué es malo juzgar a una persona por su condición económica?
Por un lado, el dinero puede indicar inteligencia, buenas decisiones, y trabajo duro.
Pero, por otro lado, puede significar solamente que la persona tuvo la buena fortuna de nacer en una familia rica. O, también puede ser una señal de codicia, deshonestidad, y egoísmo. Cuando honramos a alguien, solo por el hecho de que él o ella se visten bien, hacemos que la apariencia sea más importante que el carácter.
El favoritismo es motivado por un mal deseo de tomar ventaja de otra persona. Ponte en el lugar del creyente en la historia de Santiago. Imagínate que tú mismo estás en un GDV, cuando dos visitantes llegan a la casa. El primer visitante es un hombre rico, como lo puedes ver, por sus alhajas y su ropa fina.
El segundo visitante, un hombre pobre, llega con su ropa raída y vieja. Puede que estuviera limpio, pero es evidente que era pobre.
¿Cómo actuarías tú con cada visitante? ¿Le darías al hombre rico el mejor asiento de la casa, asegurándote de que estuviera lo más cómodo posible?
Ese es un detalle muy bonito de gentileza y amabilidad, siempre y cuando, tu motivación sea pura. Pero si estás tratando de ganarte el favor del rico, o de beneficiarte de alguna forma de su dinero, ESO ES PECADO. Tu verdadera motivación se podrá ver, por la forma como tratas al hombre pobre.
¿Le das al pobre el mismo honor que le diste al rico, o simplemente lo invitas a que se siente en un rincón? Si lo tratas con menos delicadeza que al rico, estarás revelando tus malas intenciones. ¡Estarás revelando odiosas diferencias!
El favoritismo es muy sutil. Por eso debes de estar en oración y en la Palabra, dejando siempre, que el Espíritu Santo penetre y purifique las motivaciones más profundas de tu ser.
Yo estoy totalmente convencido que la más grande manifestación del amor de Dios está en darnos la eternidad con él por medio de su hijo Jesús, la Biblia dice en Efesios 2:8- 9
Dios nos salva completamente, gracias a la obra terminada de Cristo en la cruz, y no por lo que somos, o por lo que tenemos. ¡Dios no toma en cuenta distinciones de nacionalidad! Los judíos creyentes se sorprendieron cuando Pedro fue a la case de Cornelio en Galilea, le predicó a los gentiles, y hasta comió con ellos.
A los ojos de Dios, no existe distinción entre judío y gentil con respecto a la condenación o a la salvación. Dios tampoco toma en cuenta la condición social. Para Él, amos y esclavos, ricos y pobres son iguales.
“Santiago enseña que la gracia de Dios hace pobre al rico, porque el rico no puede depender de sus riquezas para salvarse, y hace rico al pobre, porque este hereda las riquezas de la gracia en Cristo”.
El apóstol Pablo escribe a la iglesia en 1ª corintios. 1:26-29
Una iglesia que hace distinción de personas no es una iglesia que exalta la gracia de Dios. Cristo, cuando murió, destruyó la barrera que separaba a los judíos de los gentiles. Pero en su nacimiento y en su vida, Cristo derribó la barrera entre el rico y el pobre, entre el joven y el viejo, entre el sabio y el ignorante.
Cuando Jesús vino al mundo, Él no lo hizo como hijo de un hombre rico. El no nació en cuna de oro. Nació en la pobreza. Nació en un establo prestado.
Tuvo que pedir prestado “panes y peces” para alimentar a una multitud. Habló desde un bote prestado. Dijo en Mateo 8:20, “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre, no tiene donde recostar Su cabeza.”
Tuvo que pedir prestada una moneda para ilustrar una verdad. Pidió un burro prestado para entrar montado a Jerusalén. Pidió prestado un salón para celebrar la Pascua. Murió en una cruz prestada.
¡Está le pertenecía a Barrabás!. ¡No a Él!
Y lo pusieron en una tumba prestada.
¡Esta le pertenecía a José de Arimatea!
Si creemos en la gracia de Dios, no debemos levantar esas barreras de nuevo.
Mucha gente trata de justificar su pecado, catalogando los pecados de acuerdo con su “aparente” gravedad. Por ejemplo, decir una “mentirita” no es tan serio como cometer perjurio. Y engañar en tus impuestos no es tan serio como robar un banco.
El hacer acepción de personas puede hacer que una persona desobedezca la ley de Dios.
Por ejemplo, tomemos cualquiera de los Diez Mandamientos, y veremos que podemos romperlo, si consideramos la posición social o económica de una persona.
Es decir, el hacer acepción de personas puede que mintamos o engañemos. Puede que caigamos en la idolatría –obteniendo dinero del rico (esto es cohecho). Una vez que empezamos a hacer acepción de personas, desobedeciendo así la Palabra de Dios, nos estamos metiendo en líos.
Y no es necesario romper toda la ley de Dios para ser culpable. Si desobedecemos una sola ley, estamos desobedeciendo todas. (ver 10) ¡La Ley es una!
El amor cristiano no significa, que nos tenga que gustar cierta persona, o estar de acuerdo con todo lo que dice o hace. Puede ser que no nos guste su vocabulario o sus costumbres, y puede que no nos interese como amigos, pues, así como parceros
Escúchame: “El amor cristiano es tratar a otros de la misma manera como Dios nos ha tratado”. Es un acto de la voluntad. No es una emoción creada. Y la motivación es siempre la de glorificar a Dios por medio del Espíritu Santo, que vive en nosotros.
El amor ayuda al pobre a superarse, y al rico a hacer mejor uso de los bienes que Dios le ha dado. ¡El amor siempre edifica! ¡El odio siempre destruye!
La Biblia es la historia de la búsqueda de Dios para liberar a la humanidad. Su Hijo, Jesús, PAGÓ EL ALTO PRECIO – CON SU PROPIA VIDA. Por medio de Su sacrificio, aquellos que claman Su nombre, son liberados de la esclavitud del pecado.
La única respuesta inteligente, para nosotros, que hemos sido liberados por Su misericordia, es de servir a Cristo, gustosamente, en todo lo que decimos y hacemos para el resto de nuestras vidas. Solo así entonces, podemos decir: “Servir a Cristo será mi mayor alegría y libertad.”
Recuerda que la ley de la libertad de que habla Santiago en el ver 12, dista totalmente del libertinaje; es vivir obedeciendo por amor, no por miedo, Porque la gracia no elimina la obediencia, la transforma
Alguien escribió: “Si yo menosprecio a aquellos, a los que he sido llamado a servir, y les habló de sus puntos débiles, haciendo contraste quizás, con los que yo considero que son mis puntos fuertes.
Si adopto una actitud de superioridad, olvidándome del dicho “¿Que tienes que Dios no te haya dado?” entonces, no conozco nada del amor de Cristo.
Si me ofendo con facilidad. Si estoy contento de vivir con una actitud de frialdad hacia los demás, a pesar de que una bonita amistad es posible, entonces no conozco nada del amor de Cristo.
Si me siento ofendido y amargado contra las personas que me critican, porque yo lo considero injusto, olvidando que, si ellas me conocieran de verdad, como me conozco yo a mí mismo, me criticarían más aún, entonces no conozco nada del amor de Cristo”.
Conclusión
Jesús NO nos pide un amor superficial, emotivo y egoísta, que es tan frecuente en nuestra cultura de hoy, sino un amor sacrificial, que pone las necesidades de otros, al mismo nivel con las nuestras.
Esa clase de amor es totalmente incompatible con el favoritismo, que solo busca promover sus propios propósitos egoístas.
y…..¿Cómo podemos imitar a Cristo en nuestras relaciones humanas? Viendo a todos con los ojos de Cristo. Si el visitante es creyente, lo podemos aceptar porque Cristo vive en él. Y si NO es creyente, lo podemos recibir porque el Dios alto poderoso y sublime derramó fe en él para creer que Cristo murió por él.
¡Cristo es el eslabón entre nosotros y los demás! ¡Él es el vínculo de amor!
¡AMEN!