La fe en un Cristo vivo 2ª Parte
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Introducción
La semana pasada, introduje el mensaje con una ilustración que toca un área de nuestra vida en la que como seres humanos no nos gusta que nadie se meta. “Se trata de nuestro carácter.”
Podría definir carácter desde dos perspectivas:
desde la perspectiva de la psicología normal, y desde la perspectiva bíblica:
Desde la perspectiva de la psicología normal, nuestro carácter nos define, nos representa, nos permite ser quienes somos, pero también nos condena a nuestras decisiones.
Desde la perspectiva bíblica el carácter se entiende como la formación interior del corazón, que se refleja en una conducta diaria. No es solo temperamento, sino quién eres delante de Dios cuando nadie te ve. El carácter bíblico es el resultado de una buena intimidad con Dios, de la obediencia a su palabra, y sobre todo el trato de Dios a través de las diferentes pruebas. La Biblia enseña que el carácter se forma a través del proceso no de la comodidad, el apóstol Pablo en la carta a los romanos dice que: La tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba esperanza
¡El carácter bíblico es una vida transformada desde adentro!
Santiago 2: 20-26
¿Cómo puedes tú decirle a tu hermano “te bendigo, Dios te ama” si tu corazón está sumido en el odio?.
Hablé de dos hombres que vivieron una vida según les pareció, uno era Justo, a quien pareció correcto nunca robar, y quien lleno de odio contra su vecino murió eternamente.
Hay muchos cristianos creyéndose santos intocables incluso creen que Dios les tiene miedo, porque saben la Biblia, oran bonito, hacen buenas disertaciones y hasta predican, pero que están podridos por dentro, porque consideran cultural el pecado que cometen cada día. A esos son los que la Biblia llama lobos vestidos de ovejas.
Hablé entonces de Horacio, un hombre que tomó la decisión de ser ladrón porque creyó que esa era la manera de solucionar sus problemas. Este es el cristiano que lucha cada día, que no cesa de arrepentirse por su pecado y la forma como manosea el nombre de Dios. Que no conoce mucha Biblia pero que procura vivir un estilo de vida que agrade a Dios.
Este hombre vive cada día la transformación. Es el que la Biblia llama “el publicano arrepentido”
Ahora bien, nosotros, por cuestiones de herencia religiosa cultural hemos creado una imagen moralista de lo que debe ser el cristiano, el cristianismo protestante asumió esto como una verdad inherente a nuestra cultura religiosa.
Es decir, cuando un comportamiento contradice públicamente los paradigmas sociales morales le llamamos pecado, es condenable y quien lo comete es culpable y está condenado. Este grave error de un cristianismo antiguo y retorcido, nos convenció de que los pecados que no causan impacto en la moral no son condenables, y no son pecado, son solo problemas culturales o peor aún les llaman errores no nos hacen culpables y no nos condenan. Por cosas como estas en nuestro país vemos grandes condenas sociales contra comportamientos morales pero una gran tolerancia sobre aquellos comportamientos que no causan escándalo, por ejemplo, la corrupción, escucho frases como “está bien que roben, pero que dejen algo” porque robar en nuestra conciencia social no es inmoral, esto se conoce como una doble moral.
Horacio era un ladrón, su actitud era incorrecta, le hacía culpable y merecía castigo delante de Dios, resulta fácil condenarlo porque es un comportamiento que no solo lo afectaba a él, sino a las víctimas de sus robos, al hacerse público su comportamiento, y recibir la condena por parte de su vecino Justo, Horacio comprendió que su falla de carácter era incorrecta, lucho y lucho, hasta que un día decidió apartarse de su pecado, ese día tuvo un encuentro con Cristo, ¡ese día fue salvo!.
Justo, fue un hombre con alta moral y un gran compromiso religioso, una fe en Dios, pero su actitud de odio hacia Horacio realmente estaba oculta, era algo que él llevaba por dentro, que solo lo afectaba a él, el problema es que como nunca se hizo consciente de su falla de carácter, jamás reconoció su pecado delante de Dios, nunca lo confesó y jamás se apartó de él, es decir, nunca tuvo un encuentro con Cristo, nunca recibió la salvación.
“ser salvo” no es decir “soy salvo”, sino apartarse del pecado. Pero mientras tú no seas consciente de tus fallas de carácter, jamás serás liberado de tu condición de inmundicia”.
Muchos revolvieron el concepto de las obras dignas, con el de la salvación, entonces unos me dicen: La salvación se pierde si peco, y otros me dicen la salvación no se pierde así yo peque.
Quiero decirles a los primeros que la salvación no se pierde, porque la sangre de Cristo no es una piscina donde tu vienes y te lavas, sales y vas y te revuelcas en el pecado y vuelves una y otra vez a la misma condición, si ese es tu caso en verdad tú nunca has sido salvo, porque nunca has tenido un encuentro transformador y liberador con Cristo.
A los segundos les digo, que también están equivocados porque una verdad a medias es una mentira, porque si tú me dices que eres salvo, pero tus fallas de carácter te mantienen atado a los mismos pecados que has tenido antes de conocer el mensaje de Cristo, en realidad tú no eres salvo.
Que pecamos, ¡claro!, pero una cosa es una falla delante de Dios, me airé, maldije, tuve pensamientos indebidos, sentí envidia porque mi hermano compró carro y yo ando en Transmilenio, somos seres humanos y Dios conoce nuestra naturaleza.
Dios sabe que pecamos y él nos perdona, pero otra cosa es que tú sigas viviendo con tus mismas fallas de carácter que te mantienen tu vida sumida en hábitos pecaminosos que nunca has dejado o que ni siquiera intentas dejar Si ese es tu caso tú no has tenido un encuentro personal con Cristo por calvinista que te creas.
La salvación no es una teoría, es un regalo de Dios, Dios la da a quien él quiere, y ese regalo tiene un propósito y no es otro que tu vida sea regenerada de tu depravación, que tu vida sea transformada a través de la acción del Espíritu Santo que coloca el fruto en tu vida. Así la evidencia de que tú eres salvo es que tu vida es testimonio para otros.
Pablo nos enseña que cuando yo hago obras que le dan la gloria al hombre y se la roban a Dios son como trapos de inmundicia como enseña el Profeta Isaías.
Santiago nos está diciendo que cuando yo vivo la fe que profeso mis obras glorifican a Dios. Entonces, es ahí donde mi fe en la salvación del Cristo vivo, se perfecciona en mi estilo de vida.
Si yo hago obras para que otros me admiren y me reconozcan esas obras no sirven para nada, son basura, pero si mis obras le dan la gloria a Dios entonces esas son las obras que perfeccionan tu fe, porque ya no hablas tú, sino que tu estilo de vida habla por ti.
¿Cómo puedes tú decirle a tu hermano “te bendigo, Dios te ama” si tu corazón está sumido en el odio?.
Sabes algo, este tipo de enseñanzas, más bien arden, y yo soy consciente de eso, pero sabes porque pasa eso, porque Santiago es un pastor, él no le está predicando a impíos, ¡NOOOOOOO! no, él le está hablando a un grupo de cristianos religiosos, que se la pasaban reunidos y en actividades, pero su corazón olía a cadáver, porque sus obras no le daban la gloria a Dios, sino que eran trapos de inmundicia delante de Dios.
Duele la historia de Justo, un hombre aprobado por los hombres, pero rechazado por Dios, porque Dios rechaza a todo aquel que no reconoce su pecado delante de la cruz; tú hablas mucho, pero Dios examina tu corazón y lo escudriña hasta lo más profundo, y lo quebranta para transformarte.
Indigna la historia de Horacio, porque no es justo delante del ojo religioso, porque no nos parece que un ladrón merezca la gracia de Dios; y esto pasa porque valoramos más la apariencia, preferimos encubrir nuestras fallas de carácter con buenas obras, tú no puedes llegar con una hoja de vida delante de Dios, NO; porque él mira tu corazón y sabe cómo está. Nos tapamos debajo de una máscara de adulaciones, de buenas cosas, pero en nuestro interior estamos muertos.
Esto ocurre porque la mayoría de personas que hoy van a una iglesia, nunca van a humillarse delante de Dios, para que él los examine y descubra la inmundicia, (salmo 139:23-24) nos aferramos a ella, preferimos estar atados al pasado propio o de otros, nos enorgullecemos de no ser adúlteros, pero el orgullo es pecado delante de Dios, y es ahí, en esa incómoda realidad donde tú tienes que ser perfeccionado.
¿Aplastas a tu prójimo con tu orgullo? ¿Eres como los impíos? Te jactas de todas las cosas buenas que haces; y ¿sabes?, delante de Dios son tus trapos de inmundicia porque nada de eso que muestras glorifica a Dios, sino a ti.
Tal vez tú y yo seamos como Justo, que se la pasaba exigiéndole un cambio a Horacio, nos la pasamos exigiéndole a los demás que tienen que cambiar, pero nos olvidamos de que nosotros debemos ser transformados por Dios.
Arde el carácter porque le hablo a esas fallas ocultas que tienes bien escondidas y que tal vez, como Justo, tú no sabes que las tienes.
Santiago continúa, y nos dice ahora que nuestra fe se perfecciona en nuestras obras, Santiago dice a cristianos conocedores como tú y como yo que el cristiano que está en la iglesia debe dar evidencias de lo que Cristo hizo en su vida.
Antes de iniciar esta parte debemos tener muy en claro que para Stg existen dos tipos de fe: una fe falsa que se expresa solo con palabras, y una fe verdadera que produce un estilo de vida caracterizado por las buenas obras, la piedad y la obediencia. Para Stg si la teología y la práctica no coinciden, entonces la salvación y el cielo tampoco lo harán.
Jonathan Edwards escribió: “Las buenas obras no son la raíz de nuestra salvación son el fruto inevitable de ella. Un manzano no da manzanas para convertirse en manzano, da manzanas porque es manzano, la vida que ya existe en el árbol, naturalmente produce el fruto; de la misma manera, un cristiano no hace buenas obras para ser salvo, hace buenas obras porque la nueva vida de Cristo en él, implantada por la gracia, no puede dejar de producir los frutos como resultado del actuar del Espíritu, tus obras no son la moneda con la que compras el cielo, son la evidencia, la prueba para ti y para el mundo, de que la salvación ya ha sido comprada por Cristo y está obrando en ti, por lo tanto, la ausencia de frutos, una vida que no cambia, que no crece en amor a Dios y odio al pecado, no significa que un salvó haya perdido su salvación, significa de forma aterradora, que probablemente nunca hubo salvación”.
En esta predica, Santiago referencia a una de las escenas más fuertes de la biblia, Gn 22,1-18, nos narra que Dios le pidió a Abraham que renunciase a lo que más amaba, a Isaac su único hijo.
Cuenta el relato que Dios le pidió a Abraham que ofreciera en holocausto a su hijo Isaac.
¡QUE TERRIBLE ESCENA!.
Abraham está frente a una situación adversa sin precedentes en su vida, está a punto de perder lo que más ama en el mundo, pero está dispuesto a morir a sí mismo por su fe en Dios, pero como vemos, esa fe no nació ese día, fue un proceso donde en las obras de Abraham la fe en Dios se perfeccionó hasta este punto.
La semana pasada al terminar el mensaje cerré con la frase “Porque donde terminas tú, es donde él comienza”; Tienes que morir a ti, entregarlo todo delante de Dios, esa es la fe que se perfecciona en las obras.
llevo toda mi vida escuchando discusiones inútiles sobre la fe y las obras, posiciones que confunde y no dicen nada, discúlpame, pero a veces somos tan estúpidos en nuestras discusiones teológicas.
Sabes, yo hoy te digo que esto no es para discutir en razonamientos vanos, estamos aquí frente a una evidencia bíblica de que cuando nosotros morimos a nuestro ego, a nuestro pecado, a las cosas o personas a las que nos aferramos, Dios actúa y nos perfecciona.
La gente no va a Cristo porque teme volver con las manos vacías, es decir no creemos, pensamos que si nos abandonamos en los brazos del Cristo vivo, vamos a perder, alguien nos va a quitar; entonces, de forma ingenua pretendemos proponerle a Dios una relación llena de prevenciones, de puertas cerradas.
Que mentira más absurda, Abraham nos está enseñando que él no dudó en confiar en Dios, y actuó seguro de que la voluntad de Dios es plena para nosotros; Sabes ¿qué difícil es morir a nosotros mismos? Cómo nos cuesta morir y soltar todo en Cristo. Te crees con el derecho de negarle áreas de tu vida a Dios, y pretendes decir que tu fe es una fe viva, pero es falso, porque tú que estás ahí y sigues aferrado a tu pasado y no sales de ese lodo cenagoso, sigues atado a tu propia inmundicia, por causa de un argumento diabólico que lo único que pretende es mantenerte esclavo de tu esterilidad como cristiano.
No podemos obrar como Abraham porque no hemos permitido que Dios opere en lo interior, queremos que nuestro conyugue cambie, que nuestros padres cambien, que todo alrededor cambie porque creemos que nos deben, pero no es así, tú tienes que sufrir un cambio en tu interior, no es entre los hombres y tú, es entre Dios y tú, la cruz hoy te llama a su luz para que tú seas libre de la esclavitud del pecado, de tus argumentos, de tu razonamiento necio, eso que tu llamas tu propia opinión.
Si tú quieres que Dios te llame justo, tienes que morir a ti, a todo de ti, tienes que morir a lo que más amas, sea lo que sea, tienes que dejarlo todo frente a la cruz, tienes que dejar tu pecado, sea cual sea, tu auto suficiencia, tu orgullo, tu altivez, tus argumentos, tus ideas, tus sueños, tus planes, todo de ti tiene que morir, ese fue el acto de fe más grande de Abraham, renunció a todo incluyendo lo que más amaba por amor a Dios.
¿Tú tienes miedo de hacer esto, te da temor de morir a ti y a lo que amas? Permíteme hacerte unas preguntas:
- ¿Abraham bajó con las manos vacías después de morir a todo?
- ¿Job terminó arruinado y solo después de morir a todo?
- ¿Moisés terminó derrotado y humillado cuando se determinó cumplir su tarea?
- ¿David murió derrotado por haber cumplido con lo que Dios le mandó?
- ¿Salomón descendió con las manos vacías cuando pidió sabiduría a Dios?
- ¿Pablo no recibió la corona cuando partió con el Señor?
- ¿Cristo no heredó el reino cuando lo dejó todo, todo por amor a ti?
Entonces por qué hoy que yo te desafío a ti a determinar en tu vida creer en Cristo y que tus obras evidencian a ese Cristo vivo en tu vida sigues atemorizado como un esclavo.
Debes dejar esa mentalidad ¿Qué sentido tiene vivir una vida de fe si seguimos esclavizados en nuestro corazón al pecado?
Dios quiere perfeccionar nuestra fe y eso es a través de nuestro estilo de vida, nuestras obras son la evidencia de que un Cristo vivo está actuando en nuestra vida. Pero viene la parte más exquisita del análisis de Santiago.
Recuerda que: ¡formación sin transformación; es mera academia!
El predicador se refiere a una mujer que se dedicaba a la prostitución, que guardó la vida de dos espías enviados por Josué a reconocer la tierra que Dios les había entregado en sus manos. Rahab una ramera de esa tierra, los escondió y los protegió para librar su vida; la declaración que esta mujer hace en Josué 2,11 “……porque el Señor vuestro Dios, Él es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra”. Esta frase libro su vida y a toda su familia, porque cuando una persona sin importar su condición determina confesar con sus labios que Dios es Señor de su vida y lo evidencia con sus obras (ella protegió a los siervos de Dios), por temor a Dios, entonces esa persona verá la mano de Dios en su vida como nunca antes.
Y tú: ¿estás vivo? O estás muerto
Conclusión
Sabes algo, Dios no es un Dios de muertos, ni de esclavos, ni de hombres y mujeres atemorizados por su pecado o su pasado. Dios no es un Dios de hombres y mujeres aferrados a su pasado o al pasado de otros, Dios es un Dios de vivos, Él te ama sin condición, Él lo dio todo por ti, es hora de que tú y yo seamos levantados de entre los muertos.
¡AMEN!