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Espiritualidad en llamas

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Introducción

Siempre se oye hablar mucho sobre la libertad de expresión y la libertad de prensa. Sin embargo, ambas expresiones de libertad se han visto con frecuencia degradadas por la manipulación, el lavado cerebral y el lenguaje de bajo nivel. A veces da la impresión de que, junto con las citadas expresiones de la libertad, alguien debería proporcionarnos la libertad de oír. Aunque hay que reconocer que muchas veces podemos escoger lo que leemos, lo que vemos y por supuesto lo que oímos.

 

Hace un tiempo escuché algo que se llama: “el filtro de la verdad”, me interesó y lo busqué en internet. Es lo que yo le llamaría una enseñanza para el diario vivir, que evidencia nuestro crecimiento espiritual y madurez como discípulo de Cristo

“En la antigua Grecia Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba entre todos.

Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:

Maestro ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

Espera un minuto- replicó Sócrates. Antes de decirme nada, quisiera que pasaras la prueba de los 3 filtros a lo que vas a contarme

1.- EL FILTRO DE LA VERDAD:

¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

No, realmente sólo me lo contaron y….

Está bien, dijo Sócrates, entonces realmente no sabes si es cierto o no. Ahora permíteme que te explique el segundo filtro.

2.- EL FILTRO DE LA BONDAD:

¿Es algo bueno lo que vas a decir de mi amigo?

No, al contrario…

Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto… Aún así, podría querer escucharlo, porque queda un filtro.

3.- EL FILTRO DE LA UTILIDAD:

¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

No, la verdad es que no….

 

Bien concluyó Sócrates, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no es útil ¿Para qué querría saberlo?”

Con este ejemplo Sócrates le enseñó a su amigo que la verdad, la bondad y la utilidad son principios que todos podemos cultivar, en beneficio no sólo de nuestro interior, sino también como norma de convivencia en la sociedad en la que vivimos.

En la santa palabra de Dios existen por lo menos 68 versículos que hablan de este tema, y tienen que ver con el control de lo que decimos.

Santiago habla de este tema en cada capítulo, pero ocupa un capítulo completo para enseñarnos sobre esto.

Vaya conmigo a la carta de Santiago capítulo 3 y vamos a continuar el estudio de esta epístola.

Santiago 3:1-2

Cada persona es juzgada por sus palabras, porque estas revelan el estado de su corazón.

La lengua dice lo que somos, lo que pensamos, lo que evidenciamos. Es una chismosa que dice lo que hay en el corazón y muestra a la persona verdadera. No solo eso, sino que el mal uso de la lengua es tal vez la manera más fácil de pecar. 

Hay algunos pecados que tal vez una persona no comete sencillamente porque no tiene la oportunidad. Pero no hay límite alguno a lo que uno puede decir; no hay restricciones o límites..

 

En las Escrituras, a la lengua se le describe como malvada, engañosa, perversa, inmunda, corrupta, aduladora, difamante, chismosa, blasfema, insensata, jactanciosa, amargada, maldiciente, contenciosa, sensual y vil. Y esta lista continúa. 

“¡No es de extrañar que Dios la haya puesto en una jaula detrás de los dientes, cercada por la boca! 

“Empleando otra figura, alguien ha observado que como la lengua está en un lugar húmedo, puede escurrirse fácilmente”.

La lengua es una gran preocupación para Santiago, mencionándola en cada capítulo de su carta. En el capítulo 3, emplea la lengua como una prueba más de la fe viva, ya que la autenticidad de la fe de una persona inevitablemente se mostrará por su manera de hablar. 

Santiago personifica la lengua y la boca como agentes de la corrupción y la miseria del ser interior. 

La lengua solo produce lo que el corazón le dice que produzca, allí donde se origina el pecado. El señor Jesucristo dice en Mateo 15:19  

Soy un convencido que la Biblia es el norte de un discípulo y por eso, debemos preparar nuestro corazón para inquirirla, para cumplirla y para enseñarla.

El señor Jesús afirma en Mateo 12:36-37, “más yo os digo que de toda palabra ociosa………”

Cada persona es juzgada por sus palabras, porque estas revelan el estado de su corazón. 

La escritura condena los pecados de la lengua como las mentiras, los chismes, los insultos con la misma severidad con qué condena el adulterio y el asesinato, Ap. 21:8 Dice: “pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras, y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

En ninguna otra parte es más evidente la relación entre la fe y las obras que en la manera de hablar de una persona. Lo que usted dice revelará inevitablemente lo que usted es. 

Podría decirse que la manera de hablar de una persona es una medida confiable de su temperatura espiritual, una imagen de su condición humana interior. 

 

Los rabinos se referían a la lengua como una flecha y no como una daga o espada, porque puede herir y matar a larga distancia. Puede causar gran daño aun cuando esté lejos de su víctima.

El primer pecado cometido después de la caída fue un pecado de la lengua. Cuando Dios le preguntó a Adán, en cuanto a que había comido del fruto prohibido, Adán culpó a Dios al sugerir que Él era indirectamente responsable, diciendo: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Gn. 3:12). 

Cada uno de nosotros, los cristianos, tenemos que preocuparnos por la forma en que ejercemos nuestra libertad de palabra.

Al describir la total depravación del hombre, Pablo dice en Romanos 3:13-14

 

Cuando una persona recibe a Jesucristo como Señor y Salvador, se vuelve una nueva criatura. Todo su ser es transformado y se convierte en habitación del Espíritu Santo. Por consiguiente, Pablo dice:

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra… Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría… Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca… Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. 

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándonos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él (Col. 3:1-2, 5, 8, 15-17).

 

Una manera recta de hablar manifiesta un corazón recto, Una naturaleza transformada producirá una conducta transformada. Y la nueva conducta implica una nueva forma de hablar, hablar que corresponde con una vida salva y santificada y que refleja la naturaleza santa del que ha dado la nueva vida.

En esta Epístola hemos visto que Dios prueba nuestra fe de muy diversas maneras. 

Y aquí Dios prueba nuestra fe por medio de nuestra lengua. Es como si quisiéramos alcanzar el estante  del laboratorio de la vida y bajar un frasco de ácido para probar nuestra fe. En realidad, este ácido es mucho más potente que el ácido sulfúrico, el ácido clorhídrico o cualquier otro ácido que haya sido creado por el hombre y la etiqueta que encontramos en el frasco dice LENGUA.

Sin embargo, no estamos hablando de la química de la lengua, sino de la teología de la lengua. Santiago ya había indicado que iba a tratar este tema. En el capítulo 1, versículo 26 dijo: “Si alguno se cree religioso entre vosotros, pero no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana”. Y recordemos que también escribió, en el mismo capítulo 1, versículo 19, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar.

 

La lengua es el arma más poderosa del mundo. Es más letal que una bomba nuclear, pero de ella no se lleva a cabo una inspección cuidadosa. Hay personas que tienen doble lengua, como bien sabemos. Ellos dicen una cosa por un lado, y luego dicen otra cosa por otro lado. Alguien ha destacado que a un bebé le lleva aproximadamente 2 años aprender a hablar,  y casi toda la vida el aprender a tener la boca cerrada.

 

Se dice que el caracol tiene sus dientes en la lengua (realmente se llama rádula, y puede estar compuesto en algunas especies de 25.000 dientes) esta se conserva enrollada como una cinta mientras no la necesita. Una vez que llega el momento de usarla, saca su afilada rádula y aunque el tamaño de los dientes es realmente microscópico, esto no impide que realmente haga una labor devastadora. 

Lo mismo puede decirse de algunas personas, que parecen tener dientes en sus lenguas, y muerden al hablar, devorando la buena fama y reputación de sus semejantes.

Existen algunos dichos sobre el control de la lengua

De la inteligencia de los hebreos surgió esta frase: “Aunque los pies resbalen, nunca se lo permitas a la lengua”. 

 

El refranero español es rico en refranes que reflejan la sabiduría popular con seriedad no exenta de ironía. Se resaltan las advertencias, como por ejemplo cuando dicen: 

  • “a la lengua y a la serpiente hay que temerles”; 
  • “en caso de duda, ten la lengua muda”; 
  • “es peor un tropezón de la lengua que de los pies”. 

Podemos ver la ironía en refranes como, por ejemplo, 

  • “la lengua es manjar muy grato, pero servida en un plato” 

En otros, se destaca el carácter dañino y destructivo de la lengua. Por ejemplo, 

  • “la lengua no tiene dientes y más que ellos muerde”; 
  • y otro dice “la lengua, aunque no tiene huesos, los quiebra”.

 

Todos estos dichos revelan mucha sabiduría, porque creemos fervientemente que el elemento más peligroso de este mundo es la lengua. 

Una congregación de cristianos puede ser más dañado por las termitas que haya en su interior que por los pájaros carpinteros que se encuentren en el exterior. 

 

Alguien lo ha expresado de la siguiente manera: “tú controlas la palabra no pronunciada, pero la palabra pronunciada te controla a ti”, una vez que usted ha pronunciado una palabra, ella está más allá de su control.

Conclusión

Santiago dice que Los verdaderos creyentes poseerán una lengua santificada; sin embargo, deben mantener una lengua santificada. En 3:1-12, presenta cinco razones apremiantes para controlar la lengua: 

  • su potencialidad para condenar.
  • su poder para controlar.
  • su propensión para corromper.
  • su carácter primitivo para combatir.
  • y su perfidia para que hagamos concesiones.

Domar la lengua es una necesidad. ¡Cuánto daño hace una lengua sin control! que habla “sin pensar”, que suelta cualquier palabra sin considerar las consecuencias. Cuántas relaciones se han roto, cuántos matrimonios se han destruido y cuántos hijos se han herido; cuántos problemas se han originado por mentiras, chismes, insultos y desprecios cometidos por una lengua “sin control”.




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Predicaciones por el Pastor César Muñoz Iglesia Familiar de Restauración IFRAN

Espiritualidad en llamas

📖Santiago 3:1-2

🗓15 de febrero de 2026