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Espiritualidad en llamas 2ª parte

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Introducción

Iniciamos el domingo anterior una serie que he llamado “espiritualidad en llamas” y tiene que ver con el control de la lengua y le di este nombre pensando en el texto de Santiago que dice: “he aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

El domingo anterior les compartí sobre el filtro de Sócrates ¿lo recuerdan?:

1.- el filtro de la verdad:

2.- el filtro de la bondad:

3.- el filtro de la utilidad:

si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no es útil ¿Para qué querría saberlo?”

Ahora bien, Alguien ha dicho que si deseamos que nuestra lengua no cometa errores, deberíamos recordar cinco factores: 

  1. a quien hablamos; 2. de quien hablamos; 3. como hablamos; 4. en qué momento hablamos; y 5, donde hablamos.

Santiago 3:1-2

Por lo que para aprender a domar la lengua se requiere primero cambiar la fuente, el corazón.

Santiago estaba diciendo que el maestro tiene mayor responsabilidad, y la razón para afirmarlo es el grave peligro de enseñar algo equivocado. 

Hermanos míos indica que Santiago se está dirigiendo a los que invocan el nombre de Cristo, entre ellos a quienes tienen una fe indudablemente genuina, exhortándoles a que estén seguros de que su deseo de enseñar está en concordancia con la voluntad del Señor, no simplemente de la suya.

A lo largo de la historia de la iglesia y sin duda en las iglesias actuales, hay muchas personas, como consejeros, maestros de escuela dominical, líderes de estudio bíblico y otros que no son llamados y ordenados al ministerio, pero que tienen una legítima contribución que hacer en la enseñanza de la Palabra de Dios. 

 

Al advertirles no os hagáis maestros muchos de vosotros, Santiago por supuesto no quiere desalentar a tales personas de que transmitan su conocimiento de las escrituras, ni tampoco desea entorpecer de manera alguna a aquellos que Dios había realmente llamado para que fueran maestros oficiales de su Palabra. 

Más bien estaba diciendo que aquellos que creían tener ese llamamiento divino, debían probar primero su fe para estar seguros de ser salvos. 

Lo que Santiago quiere decir es que ningún creyente debe comenzar alguna forma de enseñanza de la Palabra de Dios sin un sentido profundo de la seriedad de esta responsabilidad (Habíamos hablado de esto en el capítulo I al decir tardos para hablar, lo que indica el cuidado y la reverencia que debemos tener al exponer La Palabra de Dios: un estudio cuidadoso, bajo la guía del E.S. pidiendo la sabiduría de Dios y todo esto con tiempos de oración).

Pecar con la lengua cuando estamos solos o con una o tres personas es bastante malo; pero pecar con la lengua en público, sobre todo cuando estamos en función de hablar de parte de Dios, es inmensurablemente peor. 

Hablar por Dios tiene grandes implicaciones, tanto para bien como para mal. El escritor de hebreos se refiere a predicadores, maestros y otros líderes de la iglesia y dice que “velen por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (He. 13:17). 

La advertencia de Pablo a la iglesia de Éfeso, dada por medio de Timoteo, es aplicable a los maestros de todas las iglesias: 1ª Timoteo. 6:3-5 

 

Estoy sorprendido por la forma en que muchos creyentes se dejan arrastrar por cualquier tipo de enseñanza, especialmente en temas relacionados con la profecía y con el dinero. Todo lo que algunos maestros necesitan hoy es tener mucha labia. he visto algunos por las redes que parecen culebreros y más cuando mezclan la ignorancia con lenguajes extraños. Hay personas que aceptan toda clase de métodos, cultos y sectas, porque son absolutamente ignorantes de la Palabra de Dios. 

Y Santiago sigue su advertencia diciendo: Sabiendo que recibiremos mayor condenación

No solamente los falsos maestros, sino también los que descuidadamente interpretan la palabra a fin de impresionar a los demás con su conocimiento, son un gran peligro para la iglesia y corren peligro de ser condenados por Dios. 

Es fatalmente fácil para un maestro él tergiversar la verdad y enseñar no la versión de Dios, si no la suya propia. Se debe tener mucho cuidado de no contradecir sus enseñanzas con su vida; de no caer en el “hagan lo que yo digo, Pero no lo que yo hago”

Los maestros se enfrentan al especial peligro de usar mal su lenguaje y, en consecuencia, recibir una mayor condenación por parte de Dios. 

Yo me alegro por el crecimiento de nuestros GDV, estos son dirigidos por personas que tienen un buen manejo de la palabra de Dios, que conocen bien la Biblia, pero sobre todo saben transmitir a los demás su mensaje de una manera clara y comprensible. 

Para todos los que enseñamos la santa palabra de Dios es esta exhortación que Santiago hace.

 

El primer discurso de Santiago sobre la lengua tiene que ver con:

SU POTENCIALIDAD PARA CONDENAR

El término maestro (Didaskaloi) se empleaba a menudo para referirse a los rabinos y a cualquiera que desempeñaba funciones en la enseñanza o la predicación, sugiriendo que Santiago se estaba refiriendo al oficio de la enseñanza en la iglesia.

Por encima de todo, los rabinos eran maestros expertos, y sus compatriotas judíos les conferían gran honor y respeto. Como se refleja en los Evangelios, muchos rabinos se complacían en este prestigio y privilegio. 

Jesús dijo de los escribas y de los fariseos en Mateo 23: 2-7 

En algunos círculos judíos, a los rabinos se les respetaba tanto, que el deber de una persona con su rabino se consideraba mayor que el que debía a sus propios padres, porque sus padres solo lo traían a la vida de este mundo, mientras que su rabino lo traía a la vida del mundo venidero. Las motivaciones egoístas que caracterizaban a muchos rabinos eran anatema para Jesús y no tienen lugar alguno en la vida de su pueblo. 

Pero es obvio que había algunos entre aquellos a quienes Santiago escribió, que tenían tales motivaciones y que deseaban convertirse en maestros por una razón equivocada.

 

Además de los rabinos oficiales, a cualquier judío respetable podía dársele la oportunidad de hablar en el culto de una sinagoga. Aunque Jesús no era un rabino oficial, a menudo leía las Escrituras y daba una interpretación en el día de reposo, al menos una vez en su pueblo natal de Nazaret. De igual manera, Pablo y Bernabé, que tampoco tenían la categoría de rabinos, hablaban con frecuencia en las sinagogas cuando visitaban una ciudad. 

Al parecer era también común en la iglesia primitiva que un cristiano de experiencia tuviera la oportunidad de hablar en un culto. Pablo dice en 1ª co 14:26 

 

Al advertirles no os hagáis maestros muchos de vosotros, Santiago por supuesto no quiere desalentar a tales personas de que transmitan su conocimiento de las Escrituras. Ni tampoco desea entorpecer de manera alguna a aquellos que Dios había realmente llamado para que fueran maestros oficiales de su Palabra. 

Más bien estaba diciendo que aquellos que creían tener ese llamamiento divino, debían probar primero su fe para estar seguros de enseñarla a otros. 

Él ha puesto en claro que, “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana” (1:26). 

Si ese principio se aplica a todo el mundo en la iglesia, ¿cuánto más se aplica a los maestros que presumen estar delante del pueblo de Dios para interpretar y explicar la Palabra de Dios?

 

Todo maestro, sin excepción, debe ser “diligente” en presentarse a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien La Palabra de verdad (2Ti. 2:15). 

La declaración de Santiago de que todos ofendemos muchas veces refuerza la verdad de que nadie está exento en cuanto a los peligros de la lengua y a otras formas de pecado contra Dios. 

Ser maestro de la Palabra de Dios es, en primer lugar, un privilegio, después una responsabilidad y, finalmente, un gran peligro.

 

Es la voluntad de Dios que todo su pueblo presente su verdad – la de Dios y su palabra- tan exacta y meticulosamente como le sea posible. 

En la Gran Comisión, todos los cristianos son llamados a “ir y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt. 28:19-20). 

Y lo que Santiago quiere decir es que ningún creyente debe comenzar alguna forma de enseñanza de la Palabra de Dios sin un sentido profundo de la seriedad de esta responsabilidad. 

 

Iglesia mire le cuento algo: este texto que les voy a compartir marcó mi vida desde que me lo compartió uno de mis mentores, vaya conmigo a Ezequiel 3:17-19 y se vuelve a repetir en 33:7-9

Estos textos me dejan ver la seria responsabilidad de predicar la Palabra de Dios.

 

La enseñanza de teología errónea, engañosa y confusa fue un problema en la iglesia de Éfeso mientras Timoteo estuvo predicando allí. Mira lo que dice pablo a Timoteo al respecto en 1ª Timoteo 1:3-7

La advertencia de Pablo a la iglesia de Éfeso, dada por medio de Timoteo, es aplicable a los maestros de todas las iglesias y sobre todo hoy que hay tanta comezón de oír.

Muchos maestros de la iglesia actual están muy poco arraigados en las Escrituras y mal preparados para enseñarla. Tales maestros que tergiversan la Palabra de Dios pueden hacer más daño espiritual y moral al pueblo de Dios que un centenar de ateos y librepensadores que atacan desde afuera. 

Santiago no intenta refrenar a los que tienen el llamado de Dios para enseñar, aquellos que están realmente calificados, que conocen y están preparados, pero aconseja a cualquiera que tenga la oportunidad de enseñar, que con toda seriedad consideren la enseñanza de la Palabra de Dios y que estén seguros de tener una comprensión correcta de cualquiera de las verdades que intentan enseñar.

 

Déjame decirte algo: “la preparación de un estudio o de una clase demanda más de lo espiritual que de lo físico”, Aun después del cuidadoso estudio, se debe orar con suma sinceridad: “Señor, permíteme decir solo lo que Tú estás diciendo en este pasaje, y ayúdame a presentar esta verdad de forma clara para los que me escuchen”.

Recuerdo que un buen amigo y excelente expositor decía que cada vez que se predica es como parir un hijo, la predicación no produce placer, al contrario, debe producir angustia, es morir un poco cada vez

Déjeme repetirle lo que le compartí en el principio de esta predica:

Hermanos míos indica que Santiago se está dirigiendo a los que invocan el nombre de Cristo, entre ellos a quienes tienen una fe indudablemente genuina, exhortándoles a que estén seguros de que su deseo de enseñar está en concordancia con la voluntad del Señor, no simplemente de la suya. 

Como un hablar correcto es una forma tan evidente de mostrar la fe verdadera, a los maestros se les exige un alto nivel en lo que dicen, por la obvia razón de que lo que dicen ejerce una poderosa influencia en otros. 

Los maestros se enfrentan al especial peligro de usar mal su lengua y, en consecuencia, recibir una mayor condenación por parte de Dios. Como Santiago ha advertido antes, deben ser “prontos para oír y tardos para hablar” (1:19). En ese contexto, se está refiriendo en especial a oír y hablar acerca de la Palabra de Dios.

Es importante observar que Santiago se incluye, “recibiremos” con los que han de recibir mayor condenación. Ni siquiera los apóstoles y escritores de la Biblia estaban exentos. 

Todo maestro, sin excepción, debe ser diligente en presentarse “a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”


La declaración de Santiago de que todos ofendemos muchas veces refuerza la verdad de que nadie está exento en cuanto a los peligros de la lengua y a otras formas de pecado contra Dios, ofendemos se refiere a cualquier falta moral, el no hacer lo que está correcto,

Conclusión

Jesús dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca”. Por lo que para aprender a domar la lengua se requiere primero cambiar la fuente, el corazón. Y esto requiere la acción del Espíritu de Dios. Para que, en lugar de desprecio; exista tolerancia, paciencia, aceptación. En lugar de odio; perdón y amor. En lugar de orgullo y venganza; humildad. Porque si en nuestro interior tenemos paz nuestros oyentes lo sabrán. Si amamos la verdad rechazaremos la mentira y la calumnia. Si la Palabra de Dios mora en nosotros usaremos nuestra lengua para edificar relaciones y no destruirlas, enseñando, corrigiendo y animando.

El apóstol Santiago nos exhorta no sólo a “mordernos la lengua”, sino que nos desafía a domarla. Siendo una orden, un deber con implicaciones muy prácticas.

¡AMEN! 

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Predicaciones por el Pastor César Muñoz Iglesia Familiar de Restauración IFRAN

Espiritualidad en llamas 2ª parte

📖Santiago 3:1-2

🗓22 de febrero de 2026