¡Que refleja mi estilo de vida!
Comparte este artículo
Introducción
Uds. han escuchado la palabra: “CONVICCIÓN”, estoy seguro que si.
Y ¿qué es convicción?, esta es la definición: “es Estar plenamente seguro de algo, con la certeza profunda que influye en tus decisiones acciones, y forma de vivir”
Características:
es profunda, no depende de las emociones del momento.
Es coherente, profunda similitud entre lo que pienso, digo y actuó.
Es firme bajo presión, resiste la tentación.
Dirección y propósito, aunque tambalee en algún momento permanece firme
quienes la tienen poseen razones o creencias, que les permiten sostener un determinado pensamiento, discurso o acción”.
En la Palabra de Dio encontramos vrs ejemplos de “CONVICCIÓN”
Génesis 39: 7-12 – José rechazó la propuesta de la esposa de potifar diciendo: “¿Cómo haría yo este gran mal y pecaría contra Dios?
Daniel 1:8 – Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida del Rey
Josué 24:15- Mientras el pueblo dudaba, Josué declaró abiertamente: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”
Juan 16:8 –
¿Y en qué parte de la Biblia esa palabra tiene más fuerza?
El autor de Hebreos define la fe en 11:1 “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”
En este versículo hay tres palabras que merecen nuestra atención: fe, certeza y convicción. La palabra fe proviene del hebreo “emun” (verdad) y del griego “pistis” (creencia). O sea, que podemos decir que la fe es creer.
La palabra certeza proviene de la palabra “upostasis” que quiere decir título de propiedad. Y convicción es la seguridad que tiene una persona de la verdad o certeza de lo que piensa.
Ahora pongamos estas tres definiciones juntas. La fe (el creer) es el título de propiedad (la promesa) de lo que esperamos (lo que Dios nos dijo que nos iba a dar) y la seguridad que obtendremos lo que aún no vemos pero sabemos que será.
cuando tenemos fe, creemos que lo que Dios nos dijo…será. Aunque nuestros ojos naturales vean lo contrario, aunque nuestras circunstancias griten lo contrario, aunque todo lo que nos rodea nos diga que es imposible.
¡Iglesia!, en este lugar tenemos convicción, yo estoy convencido de lo que Dios le ha dado a esta Iglesia para llevar el evangelio, ¡le ha dado una visión!.
Esa visión está plenamente estructurada en la palabra de Dios, tiene un propósito (el que).
El propósito de la visión tiene tres herramientas: obedecer – enseñar – influenciar.
Tiene un proceso (el cómo): a través de: los servicios de adoración – el plan de crecimiento – los GDV – el servicio.
La acción de esa visión es un estilo de vida que agrada a Dios. “Recuerde que visión sin acción se convierte en apatía”.
Un cristiano apático es alguien que puede escuchar un discurso, o una charla, o un sermón, sin proponerse a hacer nada al respecto. Un oyente apático e indiferente puede cometer el error de pensar que “oír y aprender” es lo mismo que obedecer a Dios.
Santiago nos advierte que no debemos de ser oyentes apáticos… e indiferentes.
Hemos escuchado muchos mensajes de la Palabra de Dios, hemos aprendido nuevas verdades, y hasta ¡HEMOS NACIDO DE NUEVO!, Santiago quiere saber si “somos oidores solamente”… o si nos hemos convertido en practicantes…
A Dios no le gusta, que la gente simplemente vaya a una charla cristiana. Él quiere que absorbamos Su mensaje, y que como resultado cambiemos nuestras vidas.
Oyentes apáticos e indiferentes… que no producen ningún cambio, es una desgracia en la vida de la cristiana.
Hay una gran urgencia por volver a la palabra, la Palabra de Dios es un medio de reflexión, un espejo en el cual debemos mirarnos y vernos tal como somos.
Necesitamos vernos en este “ESPEJO DE LA GLORIA DEL SEÑOR” para cambiar nuestras vidas. La Biblia nos muestra la imagen de Cristo, con el fin de que podamos medir nuestra conducta y nuestro carácter a la luz de Su imagen, y permitirle a Dios que nos conforme en la semejanza de Cristo
El objetivo es que nosotros nos veamos a cara descubierta frente al espejo del Señor y decirle, Señor, ¿cuáles son las áreas en mí vida espiritual que tienen que ser arregladas por ti?
Santiago 1: 19-21
¡pero el primer paso para ser una iglesia integral que con su estilo de vida obedece el Evangelio del Señor Jesucristo es dejar la auto justificación y asumir delante de Dios nuestra responsabilidad!
Cierra tus ojos por un momento y pídele al Espíritu Santo que ministre tu vida, que abra tu entendimiento, dile “PADRE QUIERO VERTE”
Padre, glorificamos tu nombre. Eres Dios, y como Tú, no hay nadie. Queremos escuchar tu Palabra con nuestros corazones abiertos… deseosos de escuchar lo que tienes que decirnos. Señor, no queremos ser oyentes apáticos e indiferentes.
Queremos aplicar tus verdades a nuestras vidas. Si no ponemos Tu Palabra a la práctica, no habrá transformación en nuestras vidas. Señor, no queremos ser oidores solamente, sino convertirnos en practicantes de Tu Palabra.
En el nombre de Jesús. Amén
Aquí Santiago presenta una tercera prueba de un verdadero creyente. La primera fue la respuesta a las pruebas (1:2-12). La segunda fue su respuesta a la tentación (1:13-18). La tercera es su respuesta a la verdad revelada en la palabra de Dios (1:19-27). Cuando el verdadero discípulo oye la palabra de Dios, siente algo especial por su verdad y un deseo en su corazón de obedecerla. Una de las evidencias más confiables de la salvación genuina es ese anhelo por la palabra de Dios. En este texto Santiago fija su atención en dos verdades principales relacionadas con esta evidencia. En primer lugar, la fe salvadora se caracteriza por una debida aceptación de La Biblia como La Palabra de Dios. En segundo lugar, se evidencia por una correcta reacción a La Palabra, que se refleja en una vida de obediencia.
Cuando el pastor Santiago dijo en el versículo 16 “no erréis”, la palabra que utilizó quiere decir divagar, desviarse, vagar de un lado para otro o ir sin rumbo fijo.
Es como la oveja de la cual habló el Señor Jesucristo, esa oveja perdida a la cual Él fue a buscar. Esa oveja a quien amó tanto. Y Santiago nos estaba diciendo aquí: “No os desviéis, no penséis que de alguna manera podréis evitar las consecuencias del pecado”.
La persona que tiene el hábito de pecar continuamente, podemos decir definitiva y categóricamente, nunca tuvo una línea de comunicación con Dios; nunca ha nacido espiritualmente de nuevo. Si usted puede vivir en el pecado y disfrutarlo, entonces, usted no es un hijo de Dios. Es así de simple. Alguien ha dicho: “Aquel que cae en el pecado es un hombre. Aquel que se lamenta y se levanta del pecado es un santo. Aquel que se jacta del pecado es un diablo”.
Todos nosotros estamos expuestos a la tentación y somos vulnerables en el sentido en que podemos ceder y caer ante ella. Alguien dijo con evidente acierto, que la tentación no necesita invitación para hacerse presente. Pero debemos asegurarnos de no engendrar el pecado.
Si usted cede a la tentación, no puede abortar, no se puede interrumpir el proceso de consecuencias señalado en la Biblia. El pecado y la muerte serán el resultado final.
¿Qué es lo que tú y yo proyectamos? ¿Qué sombra estamos proyectando, la oscuridad del pecado, esa sombra oscura que solo lleva a la muerte? O por el contrario proyectamos esa sombra que es el reflejo de haber estado frente al espejo de la gloria de Dios, ¿proyectamos el reflejo del Señor Jesucristo resucitado a todo momento?
Iglesia recuerda siempre “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto”. Es decir, que viene de parte de Dios. Todo lo bueno y perfecto que usted tiene, proviene de Él. Usted puede contar cuántas bendiciones tiene hoy: el calor del sol, la lluvia, un día nublado, un día brillante, la vegetación, el agua que usted bebe, el aire que respira, etc. Dios nos dio el aire puro, libre de impurezas y el agua pura y limpia. Es el hombre quien los ha contaminado. Dios da cosas buenas, positivas, saludables. Dios es bueno,
¡Y USTED Y YO EN REALIDAD ¡NO! ¡SABEMOS CUÁN BUENO ES ÉL!
¿Recuerdan la canción del domingo pasado? “Cuan grande es Dios”
Cuando tú y yo permitimos que La Biblia nos muestre la imagen de Cristo, con el fin de que podamos medir nuestra conducta y nuestro carácter a la luz de Su imagen, y permitirle a Dios que nos conforme en la semejanza de Cristo es ahí cuando empezamos a darnos cuenta que tan bueno en realidad es Dios Jehová de los ejércitos.
El señor Jesús afirma en su palabra, Juan 8:31-.32
El genuino discipulado se evidencia por una obediencia constante a las Escrituras.
Y el El texto de hoy nos enseña a:
“recibir con mansedumbre” o “aceptar con humildad la palabra sembrada en ustedes”.
¿Cómo hacerlo?
- Aprendiendo a escucharla bien.
Tenemos que ser rápidos para escuchar la Palabra de verdad. “Veloz o rápido para oír” es una referencia para tener un oído alerta. Santiago no está hablando de oír con nuestros oídos físicos la palabra de Dios, sino escuchar lo que Dios nos dice por ella. “Pronto para oír”, describe un corazón atento, escuchando lo que Dios quiere decirnos.
¿Ustedes recuerdan que es la comunicación asertiva?
Es decir, lo que quieres decir, de forma honesta y firme, pero sin atacar, sin manipular, y sin humillar a nadie. Y tiene unas características claras;
es clara, denota respeto porque cuida las palabras y el tono, empatía porque tiene en cuenta el punto de vista del otro, firmeza porque no se dejan manipular ni presionar, autocontrol porque tiene la capacidad de regular mis emociones antes de hablar
Déjeme le cuente algo: el problema más grave en la comunicación asertiva, es aprender a escuchar; ¿qué pasa en ti cuando tu jefe te llama?, ¿Cuándo el pastor te llama? ¡pero yo qué hice!, eso se llama predisposición, entonces ud se prepara para atacar, para defenderse, ud se prepara para responder, ¡NO PARA ESCUCHAR!
A menudo Dios está tratando de comunicarse con nosotros. Pero pudiera ser que mis oídos físicos escuchen su Palabra y, sin embargo, en realidad no oírla.
Pero ¿qué nos impide escuchar?
Una lengua no controlada: “tardo para hablar”.
La Biblia dice en Proverbios 17:28 Esta característica acompaña a la primera. Usted no puede escuchar cuidadosamente mientras está hablando o incluso mientras está pensando lo que va a decir. Muchos debates no rinden fruto alguno por la sencilla razón de que todas las partes están prestando mayor atención a lo que quieren decir que a lo que los otros están diciendo.
En este contexto, por lo tanto, parece que tardo para hablar incluye el concepto de ser cuidadoso de no estar pensando en nuestras propias ideas, mientras otra persona está tratando de expresar las de Dios. No podemos en realidad escuchar la Palabra de Dios cuando nuestra mente está concentrada en nuestros propios pensamientos. Necesitamos guardar silencio, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior.
Sin embargo, la idea fundamental aquí es que, cuando llega el tiempo apropiado para hablar, se debe considerar cuidadosamente lo que se dice.
Una de las cosas que nos impide escuchar es que tenemos que ser lentos para hablar. No se puede ser un buen oyente si usted está hablando todo el tiempo. Cuando Dios repartió las partes del cuerpo, nos dio dos oídos y una boca. Eso tiene que decir algo.
No nos dio dos bocas y un oído. A menudo, no oímos lo que alguien nos dice, porque no estamos escuchando.
- La segunda cosa que tenemos que hacer es cultivar un espíritu apacible.
Una actitud calmada: “lento para la ira”
Santiago nos dice que debemos ser “lentos para la ira” porque en “la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. Me gusta como dice la NTV: “el enojo humano no produce la rectitud que Dios desea (o la justicia), El enojo es contrario a la vida justa que Dios quiere.
Así que necesitamos calmarnos. Cuando usted se enoja, usted no puede comunicarse con coherencia. Seguramente usted me dirá, “lo sé, lo intento, pero a veces no puedo”.
Ilustración sobre Whatsapp: pérdida de comunicación, inexpresión de nuestras emociones, entender otra cosa a lo que se quiere decir etc.
¿Sabía usted que estar molesto con lo que se oye puede bloquear toda la capacidad que poseemos para escuchar, especialmente cuando se trata de una palabra nueva relevante de Dios?
Si no calmamos el espíritu y dejamos que Dios nos hable a través de su palabra, incluso cuando esa palabra es incómoda, no podremos escuchar.
Cuando estamos enojados, estamos cerrados. Es un hecho que Dios no podrá hablarnos cuando hay una actitud de enojo en el corazón. La ausencia del enojo nos proporciona oídos claros para escuchar la voz de Dios. ¿Se enoja con frecuencia?
- Una vida limpia: “
Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia”.
Inmundicia traduce rhuparia, que se refiere a cualquier tipo de profanación o impureza moral. Está estrechamente relacionada con un término empleado para describir la cerilla en el oído, la que deteriora la audición y es por lo tanto, muy apropiado en este contexto.
La inmundicia moral es una barrera muy seria para poder escuchar claramente y comprender la Palabra de Dios.
Malicia viene de kakia, que denota maldad moral y corrupción en general, en especial en cuanto a la intención. Pertenece al pecado que es deliberado y determinado. Puede residir en el corazón durante mucho tiempo antes de que se exprese exteriormente, y en realidad pudiera nunca expresarse exteriormente. Incluye, por lo tanto, los muchos pecados “ocultos” que solo conocen el Señor y la propia persona.
La idea es de confesar, arrepentirse y eliminar todo vestigio y rasgos de maldad que corrompen nuestra vida, disminuyen el hambre por la Palabra y oscurecen nuestra comprensión.
Cuando esto ocurre, podemos realmente comprender plenamente lo que el apóstol Pablo dice en 1ª tesalonicenses 2.13
Así como no podemos oír con nuestros oídos llenos de cera, tampoco podemos recibir la palabra de Dios con nuestras vidas llenas de pecado.
La recomendación de Santiago es deshacer todo lo que conocemos en nuestra vida que nos impide escuchar a Dios.
Conclusión
¿Cuáles son las cosas que necesitamos deshacernos para escuchar la voz de Dios? A nuestra vida le puede pasar como a nuestras casas. Cuántas cosas se guardan que a la larga hay que desecharlas porque son basura y sin utilidad.
¿Cómo recibimos la Palabra? Tenemos que desarrollar una capacidad de escuchar la Palabra de Dios. Tenemos que desarrollar una lengua controlada y un espíritu controlado para recibir la Palabra de Dios. Necesitamos desarrollar una vida limpia, en obediencia a la Palabra de Dios.
¿Cómo nos ha hablado Dios en este día? ¿Qué tan dispuestos estamos para oír y qué tan lento para hablar? ¿Estamos preparados para controlar la ira, la lengua y las actitudes? ¿Qué hay de dejar toda inmundicia y abundancia de malicia en nuestras vidas?
¿Tomo en serio el mantenerme sin mancha en este mundo? ¿Soy un hacedor de la palabra o un oidor olvidadizo?
La Biblia como “espejo del alma” me confronta de esa manera. ¿Cómo salgo al mirarme en la palabra de Dios?, y si ella revela que hay algo extraño en mi vida, debo dejar que ella me limpie. (salmo 139:23-24,q)
Recuerde que la palabra de Dios tiene la misión de limpiarnos para que vivamos santamente. ¿Cuál será nuestra respuesta? Santiago nos hace esta invitación: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”.
¡AMEN! ¡CRISTO VIENE PRONTO!