Ofrenda por PSE IFRAN
Haz tu ofrenda aquí☝🏻

Al rescate por mi hermano, una muestra de amor.​

Introducción

Casi todas las cartas del Nuevo Testamento terminan de la misma manera: con saludos afectuosos, bendiciones y mensajes de despedida. Pero la carta de Santiago no. Santiago rompe el molde. Él decide cerrar su escrito no con un adiós formal, sino con una exhortación final, práctica y urgente sobre cómo debemos cuidarnos como hermanos dentro de la iglesia.

 

De hecho, si miramos el contexto de este texto observamos que, desde el versículo 12 Santiago nos viene marcando una línea muy clara sobre ciertos comportamientos comunitarios. Nos advirtió que debemos honrar nuestra palabra, asegurando que nuestro «sí» sea «sí» y nuestro «no» sea «no». También nos enseñó que si un hermano está pasando por aflicción o enfermedad, debe buscar a los líderes de la iglesia para recibir oración y, de ser necesario, confesar sus faltas.

 

Y es curioso, porque muchas veces nos quedamos solo con la primera parte: nos encanta que los líderes oren por nuestras dolencias físicas —lo cual está muy bien y es una función bíblica del liderazgo—, pero solemos esquivar la segunda: la confesión de nuestros pecados. Santiago nos recuerda que esta confesión no es para alimentar el chisme ni la murmuración de pasillo, sino para buscar la sanidad profunda del alma y encontrar en Cristo el perdón restaurador.

 

Es precisamente sobre este fundamento de transparencia, oración y madurez que Santiago cierra su carta lanzando un llamado pastoral profundísimo y lleno de gracia: la urgencia ineludible de ir a rescatar al hermano que se desvía de la verdad.

 

Santiago nos muestra que el cuidado mutuo y la verdadera prueba de amor van un paso más allá de la oración: implican también la exhortación.

Santiago 5:19-20

  • LO QUE NO SIGNIFICA ESTE TEXTO

Como ocurre con muchos pasajes de esta carta, estos versículos finales también han sido tergiversados y malinterpretados. Por eso, antes de exponer lo que significa este mensaje, debemos dejar sumamente claro lo que NO significa.

Este mensaje final no significa que nosotros cooperemos con la salvación. No significa que le «ayudamos» a Cristo a salvar personas. Nosotros no somos vendedores de un negocio multinivel, donde tú traes a tres, esos tres traen a otros tres, y así vas subiendo de rango. 

Y, por ende, no significa que andamos acumulando «puntos» con el Señor, pensando que cuando llegue nuestro turno en el juicio final podremos redimir esos puntos, por si acaso nos falta un poquito para completar la salvación.

¡No, hermanos, nada de eso! Si interpretáramos el texto de esa manera, estaríamos desvirtuando la gracia de Dios y pisoteando el Evangelio de Cristo.

 

Si Santiago nos estuviera diciendo aquí que cooperamos para la salvación de otros, primero, pondría una carga imposible y aplastante sobre nuestros hombros; y segundo, invalidaría por completo lo que Jesús gritó antes de expirar colgado en la cruz. Porque el Señor no dijo: «Ahí les dejo la cuota inicial, completen el resto ustedes». ¡De ninguna manera! Nuestro Señor Jesucristo, colgado en el madero, expresó sus últimas palabras con victoria: «CONSUMADO ES», «CUMPLIDO ESTÁ» (Juan 19:30).

Cristo lo hizo todo. La salvación es del Señor de principio a fin. Si nuestra salvación dependiera de nosotros en algún porcentaje —así fuera el 1%—, estaríamos irremediablemente condenados a una eternidad sin Él. No necesitamos hacer puntos con el Señor; de nada nos sirve intentar acumular méritos, porque como nos recuerda el apóstol Pablo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9).

 

Este texto no se está refiriendo a la predicación del evangelio a los inconversos. Aunque llevar el mensaje de salvación a los de afuera es un mandato ineludible de nuestro Señor Jesucristo, el enfoque de Santiago aquí no es la evangelización mundial, sino el cuidado mutuo al interior de la congregación.

​Y quiero hacer una aclaración doctrinal muy importante: este texto tampoco da a entender que la salvación se puede perder. Si alguien que se congregaba entre nosotros afirma ser cristiano, pero de repente decide renegar de Cristo y abandonar públicamente la fe, esa persona no es que haya «perdido» su salvación; es que sencillamente nunca fue un verdadero hermano. Como nos dice tajantemente el apóstol Juan en su primera carta: “salieron de nosotros,  pero no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros,  habrían permanecido con nosotros” (1 Juan 2: 19).

Santiago no se está refiriendo a este tipo de apóstatas, porque como nos enseña Hebreos 6: 4-6, para quienes pisotean la gracia y rechazan a Cristo de esa manera, ya no hay otro camino que la condenación eterna.

 

Entonces, ¿qué significa este texto?


  • EL RESCATE A TRAVÉS DE LA EXHORTACIÓN COMO PRUEBA DE AMOR

Santiago nos viene hablando del servicio y del apoyo mutuo dentro de la iglesia. Y ¡qué maravilloso es que como congregación oremos por las necesidades de los demás! Santiago usa la enfermedad como ejemplo, pero sabemos bien que hoy en día enfrentamos muchas otras crisis: necesidades económicas, heridas afectivas o quiebres familiares. Es excelente que traigamos estas peticiones ante la comunidad para interceder los unos por los otros. Sin embargo, Santiago nos muestra que el cuidado mutuo y la verdadera prueba de amor van un paso más allá de la oración: implican también la exhortación.

 

El pastor Santiago nos expone que Dios nos llama a ser herramientas en sus manos para rescatar al hermano, y el medio que Él utiliza es la confrontación amorosa; ayudándole a ver el error en el que está cayendo. 

Porque seamos sinceros, hermanos: ¡extraviarse es sumamente fácil! A causa de nuestra naturaleza pecaminosa, es muy común que perdamos el rumbo casi sin darnos cuenta. Por eso es indispensable que a nuestro lado haya otro hermano en la fe que nos ame lo suficiente como para hacernos reaccionar y ayudarnos a enderezar el camino.

 

Recuerdo una vez, paseando con mi familia por el Cabo de la Vela, yo iba conduciendo. Conmigo iban 3 mujeres (mi esposa, mi hermana y una sobrina) y mi hijo que estaba pequeñito. Yo creía saber cómo volver a la carretera central. Empecé a andar y andar, y de repente, el camino se me desapareció. Miraba cerca del capó del carro y parecía haber una carretera, pero al levantar la vista hacia el horizonte, no había un camino claro que nos condujera a alguna parte. Sentí que me estaba perdiendo en medio de la nada y entré en preocupación: voy en medio del desierto de la guajira, con 2 niñas, 1 niño y mi esposa. De pronto, vi a lo lejos un camión con indígenas Wayúu y una caravana de motos. No lo dudé: di la vuelta y me les uní. Razoné que, si ellos iban en dirección contraria, en algún momento me sacarían de vuelta al Cabo de la Vela. Y así fue, logramos salir.

 

Así nos pasa en la vida cristiana. Usted puede jurar que va por el camino correcto, pero en realidad está caminando por un desierto que no conduce a ninguna parte; va en dirección contraria. 

Y es exactamente ahí donde usted necesita el apoyo del rebaño, el respaldo de su iglesia, para retomar el rumbo. Por eso la Carta a los Hebreos nos ruega que no dejemos de congregarnos. ¡Los cristianos no nacimos para andar aislados! Nos necesitamos los unos a los otros, porque a través del compartir, del coexistir Dios permite que se vayan viendo nuestras falencias y pecados y de esta manera nos podamos ayudar. Como nos dice el apóstol Judas en su carta: “22Deben tener compasión de los que no están firmes en la fe. 23Rescaten a otros arrebatándolos de las llamas del juicio. Incluso a otros muéstrenles compasión pero háganlo con mucho cuidado, aborreciendo los pecados que contaminan la vida de ellos.” (Judas 1:23 NTV). 

Si yo veo a un hermano caminando hacia una calle donde sé que lo van a robar, lo mínimo que hago es advertirle. Si vemos que el proceder de un hermano no es el correcto y que eso lo llevará a un camino de perdición, debemos estorbarle, advertirle.


  • LA MANERA CORRECTA DE HACER VOLVER AL HERMANO

 

La pregunta es: ¿Cómo hacemos volver a ese hermano que se extravió?, ¿A las malas? ¿Desesperados? ¿Con rabia?. Algunos dicen: “No importa la forma, lo importante es lo que se le diga”. ¡Falso! ¡La Palabra no enseña eso!.

 

Si exhortas desde la rabia o la superioridad moral, estás asumiendo que haces la obra y ya vimos que no es así, sino que es Dios, el único que a través de su Espíritu nos puede convencer de pecado, justicia y de juicio. Tú eres solo una herramienta que Dios utiliza para hacer volver al hermano del error. El apóstol Pablo, en Gálatas 6:1, nos da la clave.

Pablo nos está diciendo algo muy serio: «No te creas exento de caer en lo mismo». Piensa por un momento en alguien cuyo pecado te produce un profundo rechazo. Por ejemplo, hace un tiempo supe de un hombre que dirigía una iglesia en un pueblito del país y que abusaba sistemáticamente de su hijastra menor de edad. Este hombre perverso ponía la música de alabanza a todo volumen para que los vecinos no escucharan los gritos de la niña, hasta que, por la gracia de Dios, ella logró escapar y buscar refugio.

 

Cuando escuchamos atrocidades como esta, nos llenamos de justa indignación. Pero te hago una pregunta difícil hoy: ¿Sabes por qué tú o yo no somos ese hombre? Única y exclusivamente por la gracia restrictiva y la misericordia de Dios. Porque nuestra naturaleza está tan caída, y tú y yo somos tan pecadores, que sin el freno de Dios seríamos capaces de hacer eso y cosas peores.

Por eso, querido hermano / hermana, no te creas libre de pasar por lo que ves que está haciendo mal tu hermano. No te acerques a él con superioridad moral. Más bien, acércate con mansedumbre, cuidando de ti mismo porque tú también puedes caer; exhórtalo, anímalo, adviertele y ora por él. 

 

Claro que primero debemos velar porque nosotros estemos firmes en la fe. Es como Jesús nos dice en el sermón del monte Mateo 7:3-5

No podemos pretender ayudar a otros, cuando nosotros nos engañamos pensando que los demás necesitan de mí, pero yo no necesito de ellos. Eso es creerse sabio en su propia opinión y la palabra dice que hay más esperanza del necio que de ese tipo de personas.


  • LA FINALIDAD: SALVAR Y CUBRIR MULTITUD DE PECADOS

Exhortar a un hermano. Exponer su pecado y confrontarlo, tiene una sola finalidad: Que se salve a través del perdón de pecados. La finalidad no es destruir al hermano, humillarlo; sino que a través de la exhortación, él vuelva sus ojos al Señor, que es el único que puede salvar su alma. Jesús nos dijo: (Juan 14:6 RV1960). 

Solo Cristo salva y lo hace porque solo Él fue quien cargó nuestros pecados, a fin de que muramos al pecado y por la fe podamos vivir la vida recta que él vivió. Dios tuvo que proveer a Su Hijo, el Cordero sin mancha, el Justo, para que por causa de nuestra maldad Él fuera tratado como injusto. Lo hizo por amor a cada uno de nosotros. Repítalo en su mente: “Lo hizo por amor a mí”. De lo contrario, habría sido imposible redimirnos ante la multitud de nuestros pecados.

 

Nosotros somos solo una herramienta que Dios en su infinita gracia nos usa para no solo atraer a los perdidos, sino que hoy nos enseña a través de estos 2 últimos versículos de la carta de Santiago que también nos usa para hacer volver al hermano que se pierde.

 

IFRAN, exhorta al hermano en amor y por amor, pero también por amor y gratitud para con el Señor, porque el Señor se regocija cuando un extraviado es hallado y nos manda a qué nos regocijemos con Él (Juan 15).

Conclusión

Hace casi 10 años, esta carta de Santiago llegó a mi vida mientras yo me encontraba en un profundo estado de rebeldía y pecado. Yo era “cristiano”, asistía a esta iglesia, aquí me había casado, aquí presentamos a nuestros hijos y tomé muchos de los cursos que se dictan. Pero yo no dejaba que nadie de la iglesia viera mis pecados. Vivía una doble vida. Era una persona de doble faz. Cuando mi esposa descubrió mi infidelidad, solo estaba viendo la punta del iceberg de una cadena de inmoralidades que había debajo.

Pero el Señor, en su infinita misericordia, decidió usar a las personas a mi alrededor para hacerme volver del error:

  • Utilizó la devoción de mi esposa, quien siendo joven y bella, pudo haberme abandonado por buscarse a alguien mejor, pero decidió amar al Señor y luchar en solitario por nuestro matrimonio. Yo pude ver la longanimidad en ella.
  • Utilizó a Alba Miriam, quien en lugar de juzgarme, en una reunión me lanzó una mirada de ternura y compasión y me dijo: “Usted no se imagina el problema tremendo en el que está”.
  • Utilizó a mi mamá, quien una vez me llamó llorando a decirme: “Hijo, si en este momento te mueres, te vas para el infierno”.
  • Utilizó a mis papás y a mi hermana, quienes asumieron el rol de visitar y departir con mi esposa y mi hijo los sábados. Ellos iban a almorzar con ellos y a hacerles compañía, con el único propósito de blindar sus corazones; estaban allí para evitar que mi esposa y mi hijo resintieran mi ausencia o sufrieran el vacío que yo estaba dejando mientras andaba de vagabundo, perdiendo el tiempo. Luego, mi papá comenzó a hacernos devocionales familiares para regresarnos a la fuente de la Palabra.
  • Utilizó a un gran amigo que una vez me recomendó escuchar al Pastor David Jeremiah. Precisamente, él tiene un estudio sobre Santiago llamado “Un giro hacia la integridad”. Moví cielo y tierra para conseguir ese libro a través de su ministerio en español (Momento Decisivo). También me topé posteriormente con el libro de Miguel Núñez, “¿Crees la Biblia o Vives la Biblia?”. Todo esto el Señor lo usó para confrontarme y mostrarme que de nada me servía creer o conocer la Biblia si no la vivía.

Como bien pregunta el título de aquel libro: ¿Crees la Biblia o Vives la Biblia? Hermanos, la Palabra de Dios es viva y es para vivirla. Si las personas que estaban a mi alrededor solo hubieran ‘creído’ la Biblia en teoría, me habrían dejado hundirme en mi pecado. Si hoy estoy aquí restaurado, es porque el Señor obró a través de personas que vivieron la Palabra; personas que fueron Sus herramientas de gracia y se acercaron a mí con mansedumbre, amor y firmeza para exhortarme.

 

Esto es lo que nos pide Santiago hoy. Que nos hagamos volver del error. Que sepamos que el que restaura a un hermano, está sirviendo de herramienta para que Dios salve su alma de muerte y por la obra de Cristo en la cruz, cubra multitud de pecados. 

 

Nosotros somos la familia de Cristo. Una familia donde nos cuidamos y nos exhortamos los unos a los otros en amor. 

“Todos en IFRAN debemos sentirnos así”

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Maicol Pérez 1000 a.m.

Al rescate por mi hermano, una muestra de amor.

📖 Santiago 5:19-20

🗓 07 de Junio de 2026