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¡El sí y el no!

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Introducción

Quisiera iniciar mi prédica del día de hoy con la conclusión de Maicol el domingo pasado:

Hay un comentario del Dr. David Jeremiah sobre esta epístola de Santiago que se llama Un giro hacia la integridad, y el capítulo que estudia este texto lo titula de una manera muy certera: «Cuando usted tiene afán, pero Dios no».

En este mundo donde prima la inmediatez y no se quiere esperar nada, es necesario que Dios pruebe nuestra paciencia. La verdadera prueba de nuestra paciencia no es cuando Dios responde rápido a nuestras peticiones, sino cuando parece que Él ha «escondido su rostro». Ahí es cuando Dios está esperando que nos rindamos y nos sometamos ante su mano poderosa; una mano que a la vez es bondadosa, misericordiosa y tan amorosa, que entregó a su propio Hijo por amor a nosotros.

 

Aun siendo nosotros sus enemigos, sin ningún interés en buscarlo ni reconciliarnos con Él, Dios decidió acercarnos a Él. En un acto de pura longanimidad, entregó a su Hijo como ofrenda por los pecados de sus enemigos, buscando que tú y yo no nos perdamos, sino que gocemos de vida eterna y salvación.

Por eso, este es un llamado apremiante y angustiante a que vengas a los pies de Cristo, ahora que aún hay tiempo, ahora que estamos en los últimos días. Como nos recuerda el apóstol Pedro: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9).

¿ud ha leído un texto en la Biblia que dice: “Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al padre en espíritu y en verdad; porque también el padre tales adoradores busca que le adoren”. 

Esa adoración no está determinada por cómo cantes, o toques un instrumento musical.

Dios Jehová de los Ejércitos busca adoradores que con su estilo de vida le adoren, mis amados; un adorador es alguien que con su estilo de vida cumple, que no vuelve la mentira un acto meramente cultural, que ama la verdad, no vive de apariencias, ni manipula para lograr un propósito egoísta

Hoy mucha gente promete y no cumple, habla impulsivamente, exagera para convencer, usa palabras sin responsabilidad. Pero Dios sigue buscando hombres y mujeres: cuya palabra tenga peso, cuya vida respalde lo que hablan. 

Santiago nos muestra que la espiritualidad verdadera no se mide solo por:

  • cuánto oramos, 
  • cuánto cantamos, 
  • cuánto conocemos la Biblia, 

sino también por cómo usamos nuestra boca.

Santiago 5:12

El problema es que no importa por lo que jures o lo que prometas, todo le pertenece a Dios.

La humanidad caída son esencialmente mentirosos empedernidos

El que vivamos en un mundo de mentiras no debe sorprender a nadie que conozca las escrituras, que identifica a la humanidad no redimida como hijos del diablo, el padre de la mentira. Esa falta de honradez ha hecho que los hombres hagan jurar a los demás por casi cualquier cosa, en un vano intento de obligarlos a ser veraces y cumplir sus promesas. 

Se hacen necesarios tanto los juramentos sencillos de los niños, como los complicados juramentos que muchas veces se requieren en diferentes organizaciones y en todo lo que tiene que ver con contratos legales y tratados de paz. Manifestando esa misma falta de sinceridad, los judíos no sólo juraban conforme a la ley del A.T. por el nombre del Señor, sino que también habían desarrollado la práctica de hacer falsos, evasivos y engañosos juramentos por todo, menos por el Señor. Ellos juraban por cualquier cosa que no fuese el Señor, por el mismo propósito de fingir una veracidad que no tenían intención de mantener. 

El señor Jesús condenó esta práctica en Mt. 5:33-37 “no jurar” y en  23:16-22 “jurar por cualquier cosa”. 

Déjeme le preguntó: ¿Confiaría en alguien que siempre tiene que decir “te lo juro”? 

¿Por qué algunas personas necesitan reforzar todo lo que dicen con juramentos? 

Y la más importante: ¿Qué valor tiene hoy la palabra de una persona?

 

¡Este año voy a rebajar!” “¡En el 2026 voy a ser mejor padre/esposo/hijo!” La lista de promesas que tendemos a hacer es interminable, pero las veces que las cumplimos usualmente son bastante limitadas. 

De hecho, ya comenzamos el mes de mayo y si somos honestos, la mayoría de las resoluciones y promesas que hicimos para este nuevo año probablemente ya hayan sido olvidadas o quebrantadas. Cuando suceden este tipo de cosas usualmente nuestra reacción es hacer un nuevo juramento o promesa (usualmente similar a la que hicimos anteriormente) y esperar que no suceda lo mismo, a pesar de que comúnmente terminamos con el mismo resultado. 

Por supuesto tú y yo no somos la excepción, la diferencia es que tendemos a añadir promesas más espirituales a la lista: “este año voy a leer más la Biblia”, “este año voy a ofrendar más”, “en el 2026 me voy a comprometer más con la iglesia”, etc. 

 

Pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿es este tipo de práctica la correcta? 

Como creyente, ¿debo estar constantemente prometiendo cosas que no se si voy a cumplir o debo medir mis palabras más cuidadosamente? En la epístola de Santiago se nos da una breve pero directa respuesta a este dilema.

“Pero, ante todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”

 Luego de haber denunciado lo que debemos evitar (tanto de manera práctica como doctrinalmente) y establecido lo que debemos de tener en mente como verdaderos creyentes en los primeros capítulos de su epístola, Santiago prosigue en la segunda mitad del capítulo 5 a dar consejos prácticos para el día a día del creyente. 

Entre ellos encontramos cómo debemos actuar, cual debe ser nuestra actitud ante la adversidad y cómo debe ser nuestra comunión como hermanos de la comunidad de la fe. 

En el versículo 12 de esta sección el autor hace referencia a cuál debe ser nuestra postura al hacer promesas y juramentos. 

Lo interesante de este pasaje es que el mismo es prácticamente (palabra por palabra) una versión abreviada de la enseñanza de Jesús en Mateo 5:33-37 en lo que comúnmente llamamos “el Sermón del Monte”. 

 

¿Por qué es interesante? porque la Biblia nos revela que, durante el ministerio del señor Jesús, sus hermanos no creían lo que Jesús decía acerca de su identidad como el Mesías (Juan 7:3-5; Marcos 3:21), por lo cual no iban a tomar las palabras de Jesús con la importancia y reverencia que le correspondían. No es hasta que Jesús se le aparece a Jacobo(Santiago) luego de la resurrección, que él mismo creyó a plenitud que las palabras de su hermano siempre habían sido ciertas y se convirtió en uno de los líderes de la iglesia naciente durante el primer siglo.

 

La prohibición contra el falso juramento refleja la verdad de que un corazón transformado por el Espíritu, se mostrará en un hablar correcto. Como hablan las personas es la prueba más manifiesta de su verdadero estado espiritual. Las personas pecan más con su lengua que de alguna otra forma; uno no puede hacer cualquier cosa, pero sí puede decir cualquier cosa. 

No es de extrañarse entonces de que Jesús dijera, de la abundancia del corazón habla la boca Mt. 12:34. El corazón es un almacén y las palabras de las personas muestran lo que se guarda allí. 

El sistema judío de juramentos tenía sus raíces en el A.T., en una época en la que no había contratos escritos, los juramentos servían para establecer acuerdos entre las personas.

Se hacía una distinción especialmente en el mundo judío entre juramentos que obligaban y juramentos que no obligaban. Cualquier juramento en el que se mencionara el nombre de Dios se consideraba obligante por necesidad; pero si no se mencionaba expresamente a Dios, se decía que no obligaba. 

Llamar a Dios para que fuera testigo de la verdad del compromiso de alguien e invocar su juicio si alguno incumplía tal promesa, era un asunto muy serio. La Biblia no prohíbe hacer juramentos, admitiendo que en un mundo lleno de mentirosos hay veces en las que se hace necesario. 

Tampoco es incorrecto prestar juramento cuando damos testimonio ante un tribunal, cuando nos graduamos o al casarnos. Los juramentos son incorrectos cuando se usan mal, con la intención de engañar a otros o cuando se emplean precipitadamente o con petulancia.

Por lo tanto, Santiago no prohíbe el jurar, sino que no se haga ni por el cielo, ni por la Tierra, ni por ningún otro juramento. La fuente de la prohibición de Santiago es la enseñanza de nuestro señor respecto a los juramentos en Mateo 5:33-37 “No juréis en ninguna manera…” 

Repitiendo las palabras de Jesús, Santiago pide una forma de hablar honrada, sencilla y sincera. Los cristianos han de ser aquellos en los que su sí sea sí y su no sea no. Las personas íntegras no tienen necesidad de hacer complicados juramentos para convencer a los demás de su veracidad. Ni tampoco jurarán falsamente para engañar a las personas. Debemos recordar, que ni Jesús ni Santiago prohibieron jurar bajo circunstancias especiales. Pero en circunstancias normales son innecesarios para el creyente, quién se destaca por su honradez. Los creyentes deben ser conocidos como personas que cumplen su palabra. 

 

Santiago no enseña que los creyentes nunca herrarán con la lengua. Los cristianos pueden caer a veces en la mentira, pero mentir no será la constante en su vida. La solemne advertencia que da en el versículo 12 es que los que continuamente blasfeman el santo nombre de Dios con juramentos mentirosos, enfrenta la condenación al castigo eterno, así que, esta es otra prueba de la fe viva. Aquellos cuya vida se caracteriza por una norma de mentiras, dan evidencia de tener un corazón no regenerado. Y la biblia enseña que los mentirosos, hijos espirituales del padre de la mentira, serán sentenciados al infierno. 

Las casas y edificios edificados sobre fundamentos firmes no requieren puntales que los sostengan. Del mismo modo, la persona cuyo fundamento es Jesucristo, con quien mantiene una comunicación constante en oración, no necesita fortalecer sus palabras. Dice la verdad porque está fundamentada en Cristo, Quien dijo yo soy… la verdad. 

Déjeme por favor ir concluyendo con esto: no hay mención de que Santiago estaba presente durante el Sermón del Monte de Mateo 5-7 como para citar palabra por palabra prácticamente la misma enseñanza que Jesús había dado. Por supuesto, la familia podía haber estado presente durante el sermón y no fueron mencionados simplemente porque no eran importantes para el relato bíblico. Pero el hecho de que Santiago cita a Jesús con tanta exactitud nos deja ver que: 

1) las palabras de Jesús se quedaron en la mente de Santiago a pesar de su incredulidad o 

2) luego de su conversión el mismo se tomó la tarea de escudriñar todo lo que su hermano había enseñado porque ahora sí entendía quién era Jesús realmente. 

Independientemente de la razón, la pregunta que viene al caso para nosotros hoy es la siguiente: ¿qué nos dice este pasaje acerca de la actitud que debemos tener hoy en día en lo que concierne a hacer promesas o juramentos a la ligera? 

 

  1. Debemos evitar promesas o juramentos para no caer bajo condenación. 

El texto concluye con la advertencia de evitar promesas o juramentos para no caer en condenación. ¿pero de quién?, de Dios y de aquellos que nos rodean. 

la Biblia es clara que la palabra que un individuo da tiene que tenerse en la más alta estima y si prometemos algo debemos cumplirlo obligatoriamente, Zacarías 8:17 (verde). 

Ahora, ciertamente nosotros como creyentes no estamos bajo la ley, pero eso no significa que Dios no mira la palabra del individuo como algo que ha de llevarse a cabo y el quebrantamiento de la misma como una ofensa grave ante El. 

Después de todo, nosotros debemos ser siempre verdaderos en nuestras palabras pues el Dios que representamos es un Dios de verdad, Juan 14:6 (roja). Si tomamos nuestras palabras como poca cosa o mentimos, estamos pecando contra él y caemos en acusación ante Dios por nuestra falta. 

Es por eso que, en mi opinión, la exhortación de Jesús en Mateo 5:34 es mucho más severa que la de Santiago en 5:12: “pero Yo os digo: no juréis de ningún modo…”. Jesús no estaba condenando el concepto de la promesa o el juramento en sí mismo, pero él conoce nuestros corazones y sabe con exactitud que somos propensos a fallar y no cumplir las mismas, cayendo en acusación ante el Padre por nuestros actos. 

Para evitar todo eso es mejor simplemente no abrir la puerta a tal ocasión al hacer promesas o juramentos a la ligera. Por supuesto, la acusación no es una simplemente divina, sino con aquellos que nos rodean. Si yo prometo o juro que voy a hacer algo y no lo hago, ante los ojos de los demás estoy quedando como mentiroso o irresponsable, y nuestro testimonio queda manchado. 

Debemos recordar que nuestras acciones y palabras como creyentes no solo nos representan a nosotros mismos, sino también a nuestro Señor. Cuando fallamos en nuestras promesas, no solo estamos dañando nuestro testimonio con los que nos rodean, sino que estamos dando mal testimonio del Dios que nos ha salvado, y el cambio que supuestamente está haciendo en nosotros.


  • El incumplimiento de nuestras promesas y juramentos hace que tomemos la persona de Dios a la ligera. 

El pasaje de Santiago abre con la advertencia de que «no juréis, ni por el cielo ni por la tierra, ni con ningún otro juramento”.  Cuando vemos la versión de Mateo vemos que la demanda de Jesús es aun mas severa: “Pero Yo os digo: No juréis de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies, ni hacia Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey; no jures ni por tu cabeza, pues no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.” 

¿Por qué la severidad de esta advertencia? Sencillo, porque todo le pertenece a Dios. Cuando juramos o prometemos tendemos a poner algo como garantía de la veracidad de nuestras promesas (usualmente algo de importancia o valor para nosotros). 

Algunos juran por su reputación, otros por la familia o salud, y en ocasiones por lo más sagrado para ellos. El problema es que no importa por lo que jures o lo que prometas, todo le pertenece a Dios. Por lo tanto, cuando incumplimos esos juramentos o promesas, no solo le estamos diciendo a los que nos rodean que aquello por lo que prometimos realmente no es tan importante, 

sino que estamos tomando la persona de Dios a la ligera, pues estamos incumpliéndole a él también y tomando su creación (aquello por lo que juraste) como poca cosa.


  • Debemos ser individuos de convicciones y no simplemente de promesas. 

Tanto Santiago 5:12 como Mateo 5:37 nos dan la solución al dilema de promesas y juramentos: «que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no». ¿Qué significa esto?:

“Significa hablar con claridad y honestidad, decir las cosas de forma directa, cumplir la palabra y no actuar con doble intención. También significa coherencia, firmeza en lo que se decide o se compromete

En otras palabras, en vez de estar haciendo promesas o juramentos para garantizar que vamos a llevar a cabo algo, simplemente decidamos si lo vamos a hacer o no. Ambos pasajes nos instan a ser personas de convicciones y no simplemente palabras. Como individuos y especialmente como creyentes debemos estar convencidos al momento de hacer algo. Si no estás seguro de que vas a llevar algo a cabo mejor no digamos nada. De ese modo nuestro testimonio estará limpio y estaremos libres de acusación.

 

Con temor y temblor déjeme hacerle este desafío:

Cuando usted se comprometa a hacer algo, a venir alguna actividad ya sea de su trabajo, de su estudio o de la Iglesia, ¡CUMPLA!, o tómese el tiempo para retractarse, para cancelar, para disculparse, pero no piense que eso no es necesario.

Esto no quiere decir que sin usted no se podrá desarrollar la actividad a la que se citó, sino que, si usted se comprometió, hizo un pacto y detrás de ese pacto, detrás de esa promesa viene toda una logística de preparación, física, mental, emocional, económica. Y cuando ud no llega, el nivel de frustración es muy alto, muy, muy, muy alto

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Predicaciones por el Pastor César Muñoz Iglesia Familiar de Restauración IFRAN

¡El sí y el no!

📖Santiago 5:12

🗓 17 de Mayo de 2026