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En el banquillo de los acusados: El peligro de ignorar a Dios

Introducción

No sé si alguna vez ha recibido una notificación de demanda, querella o de presentarse a alguna indagatoria. Por mi trabajo, muchas veces he recibido este tipo de notificaciones y hay notificaciones que causan más miedo que otras. Por ejemplo, si la notificación viene de la fiscalía, de un juzgado civil de conocimiento penal, da mucho miedo, más que si viene de un juzgado civil. Ni que hablar si la notificación viene de la DIAN.

Imaginen por un momento la escena: un país en su momento de mayor gloria. Las finanzas están en su punto más alto, las fronteras están seguras, los negocios prosperan y la gente celebra en las calles. Si evaluamos a esa sociedad por su producto interno bruto, diríamos que bendición tan grande.

Ese era el Israel del rey Jeroboam II en el siglo VIII a.C., época en la que el profeta Oseas fue llamado a ministrar. Sin embargo, detrás de esa fachada de abundancia económica y estabilidad política, se escondía una tragedia espiritual letal: la prosperidad material les endureció el corazón. El pueblo se volvió autosuficiente, atribuyó sus riquezas a dioses falsos como Baal y se olvidó por completo del Dios vivo. Prevalecían el perjurio, la mentira, el robo, el adulterio y el derramamiento de sangre.

Para el ojo humano, Israel estaba en su mejor momento; pero para el ojo de Dios, Israel estaba en bancarrota moral.

Es en este contexto donde Dios levanta al profeta Oseas con un mensaje urgente. Y Dios no envía a Oseas a dar una charla motivacional ni a ofrecer un consejo amigable. Dios envía a Oseas a notificar una demanda judicial.

El creador del universo ha entrado a la sala del tribunal, ha golpeado el estrado y ha presentado cargos formales contra su propio pueblo. La acusación no es simplemente que se portaron mal; la acusación central es que les faltó conocimiento de Dios: no una falta de información intelectual, sino la pérdida absoluta de una relación íntima, fiel y verdadera con su Señor.

Dios envió a Su Hijo encarnado al banquillo de los acusados en nuestro lugar. Jesucristo absorbió la querella completa, la sentencia de muerte y el cáliz de la ira santa que nos correspondía a ti y a mí.

Oseas 4: 1-3, 6

El querellado o demandado, según la declaración que hace Dios en el verso uno, es toda la humanidad. IFRAN. Tú y yo, somos los querellados. Declárate notificado en este momento.


  • LA QUERELLA

¿Qué está demandando Dios? La falta de conocimiento de Él (Oseas 4:1).

Y es que Dios está reclamando al pueblo de Israel, su falta de fidelidad, misericordia y conocimiento de Él y por el contrario encuentra que solo hay pecados que contravienen directamente los 10 mandamientos de Dios.

Y, ¿eso qué? Podría pensar un desprevenido lector. Pues resulta que esos atributos: Fidelidad, misericordia; son propios del Dios que nos creó a su imagen y semejanza y Él no encuentra en su creación que estén reflejando sus atributos. En cambio, los habitantes de la tierra se niegan a conocer. Es decir, han decidido vivir como si ese Dios no existiera. Han decidido abiertamente ignorarlo.

Y eso desata que Dios esté iniciando una querella contra su creación.


  • IDENTIFICANDO AL QUERELLANTE

Para reconocer la gravedad de la actitud punible que están teniendo los habitantes de la tierra, debemos entender quién es el querellante o demandante.    DIOS: 

 

-. Nuestro creador

Un ser autoexistente, sin principio, ni fin (Génesis 1:1). Que no necesita de nada, ni de nadie para ser. Que con solo SU PALABRA tiene la capacidad de hacer todo lo que aquí hay: El universo, el cielo, la tierra, las estrellas, el sol, la luna, los animales (terrestres, aéreos, acuáticos) y sus obras maestras; el hombre y la mujer. Tú y yo. “’Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza” (Génesis 1:26). Es decir Dios comunica, comparte, algunos de sus atributos y por eso le indigna que la humanidad no los esté reflejando, como lo son la fidelidad y la misericordia. 

Él único que de la nada creó todo, tan perfecto que basta con ver su obra. Los científicos estudian la creación de Dios y se maravillan de ella, de su perfección. Todos tienen conciencia de Dios, pero a algunos su inmoralidad no les permite reconocer públicamente la existencia de ese ser supremo y prefieren inventarse falsas teorías con tal de negar la existencia de ese Dios, llegando hasta violar principios fundamentales que ellos mismos crearon muchos siglos atrás (Ex nihilo nihil fit).

Este Dios, que cuando Moises le pregunta que qué le dirá a los Israelitas cuando le pregunten que como se llama ese Dios que le ha enviado, responde: “YO SOY EL QUE SOY”. Le dice: “diles que el YO SOY, te ha enviado”. Ese Dios creador, es el que ahora nos dice. Ustedes han decidido ignorarme. Tan absurdo, como pecaminoso, tal actitud humana.

 

-. Un Dios inmutable. 

Que el tiempo, las circunstancias o cualquier otro factor externo, no lo puede conmover. Nada le hace cambiar de parecer. Un Dios perfecto, por la cual Él es perpetuamente el mismo, no estando sujeto a ningún tipo de cambio en su ser, sus atributos o sus determinaciones.

En toda la biblia vemos textos que nos indican que Él no cambia de parecer, así lo dice en Malaquías 3:6 (“Yo soy el Señor y no cambio”).

Ese Dios del cual Pablo declara: “Si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse Él mismo.” (2 Timoteo 2:13). Nos está diciendo no veo en ustedes fidelidad. Nos está pidiendo reciprocidad, una pretensión justa.

-. Un Dios soberano

Que al ser perfecto, sin error, lo que haga simplemente está bien, por eso hace como Él quiere. Como lo expresa en Isaías 46: 9-10: 

Un Dios al que nadie se le puede resistir. Que todos le obedecen, así no quieran. Porque aún la rebeldía del profeta Jonás, se topó con un mar que obedecía a Dios, unos marineros que obedecían, una ballena que obedecía a Dios y Jonás terminó obedeciendo a Dios. 

Ese Dios, es el que nos está demandando por tratar ingenuamente de ignorarle. Y negarnos a conocerle.

-. Un Dios con un atributo del cuál nadie quiere reconocer

Porque muchos ni siquiera reconocen la IRA DE DIOS como un atributo, porque mal entienden el concepto. La ira de Dios no es un arrebato emocional, como se define la ira humana; sino que, se define como su eterno aborrecimiento de toda injusticia y el justo desagrado de su rectitud ante el mal. Es decir, es su santidad y justicia puesta en acción. 

El teólogo Arthur Pink, en su libro “los atributos de Dios”, define este atributo así: “La ira de Dios es eterno aborrecimiento de toda injusticia; es el desagrado e indignación de la rectitud divina ante el mal; es la santidad de Dios puesta en acción contra el pecado; es la causa motriz de la sentencia justa que pronuncia contra los que obran el mal. Dios se enoja contra el pecado porque es una rebelión contra su autoridad, un ultraje cometido contra su soberanía inviolable”.

Arthur Pink, nos recuerda que si Dios careciera de ira ante el pecado, eso no lo haría más bueno; al contrario, ¡sería una falta moral! Porque un Dios moralmente perfecto no puede mirar con la misma satisfacción el bien y el mal. Su ira no es un berrinche humano, es su santidad misma puesta en acción contra aquello que destruye su creación.

 

Ese Dios, Justo, Santo. Es el que está airado a causa de la maldad que hay en la tierra y que describe en el verso 2:  (Oseas 4:2).

Por eso Dios está presentando una querella, un pleito judicial.


  • IDENTIFICANDO AL QUERELLADO

Ahora, ¿quién es el querellado? ¿Quién es el demandado? 

No habrá que explorar mucho, para darnos cuenta que los querellados o demandados, distan mucho del querellante:

-. Nosotros somos criaturas creadas por Dios,

que es autoexistente y autodeterminado, Somos su posesión exclusiva y dependiente de Él. Como dice el salmista en Salmos 100:3. ¿Esta declaración aplica solo a nosotros, su iglesia? NO. Toda la humanidad le pertenece “De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.” (Salmos 24:1 RVR1960). 

Y nosotros somos tan tontos de vivir sin tener en cuenta a nuestro creador. Siendo dependientes de Él, vivimos como si nos hubiésemos creado a nosotros mismos. 

El Filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset resumió la fragilidad humana diciendo: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Y tenía razón, así somos nosotros, actuamos según las circunstancias que nos rodean: si nuestras circunstancias cambian, nuestro estado de ánimo cambia; si nuestra salud falla, nuestra paz se tambalea; si nuestras finanzas escasean, nuestro mundo se derrumba. Somos criaturas moldeadas por las circunstancias

 

Dios mismo, en el libro del profeta Oseas, se queja de lo efímero del amor leal del pueblo Oseas 6:4 NTV.

Nuestro carácter es tan diferente a nuestro querellante. En Dios no hay circunstancias que influyan en su ser. Él no aprende algo nuevo hoy que le haga cambiar de opinión mañana; Él no amanece de mal humor ni se sorprende por lo que ocurre en el mundo. Como estudiábamos en la carta de Santiago: (Santiago 1:17 RVR1960).

 

-. Nosotros no somos buenos

Estas son de las mentiras que nos vende el mundo en diferentes presentaciones: “En el fondo, los seres humanos somos buenos”. “Al final creo en la humanidad”. “Hay peores que yo”. Miremos nuevamente el verso 2: “Solo hay falso juramento, mentira, asesinato, robo y adulterio. Emplean la violencia, y homicidios tras homicidios se suceden.”. Dios está presentando la evidencia que soporta la demanda que ha interpuesto. Pero esto no es solo el prontuario del pueblo de Israel, sino que es la radiografía del corazón de toda la humanidad. El apóstol Pablo en el libro de Romanos, arma lo que teológicamente se conoce como una “catena” (una cadena). Es decir, y continuando con los términos legales, el apóstol actúa como un fiscal implacable que abre los archivos legales del Antiguo Testamento y extrae una serie de “testimonios periciales” de los Salmos y los Profetas para construir un caso hermético contra el ser humano. Leemos: Romanos 3: 10-18.

La acusación que Dios está haciendo en el libro de Oseas no es un caso aislado del pueblo de Israel en esa época, sino la condición universal de todo ser humano frente a su creador.


  • LA RAÍZ DEL PROBLEMA Y NUESTRA MAYOR NECESIDAD

Pero el Señor no se limita a presentar la querella ni a exhibir la evidencia irrefutable de nuestros delitos morales en el versículo 2. Dios va mucho más profundo y expone en el versículo 1 la raíz misma de la tragedia: nosotros no conocemos a Dios.

La falta de conocimiento de Dios no se queda en un error abstracto; destruye todo a su paso, miremos la gravedad de esto en el verso 3 de oseas. La tierra entra en luto, la sociedad se desmorona y hasta la creación misma desfallece. Cuando el ser humano ignora a su Creador, marchita sus relaciones, su hogar y su entorno. 

El mundo no está como está, porque simplemente la sociedad se ha corrompido. La sociedad se ha corrompido porque ha decidido ignorar a Dios, como dice el apóstol Pablo en Romanos 1:28 NTV

Una sociedad no mejora, porque cambien los gobiernos. Una sociedad comienza a mejorar cuando decide arrepentirse de ignorar a Dios. Colombia no va a mejorar porque llegó “el tigre”. Colombia empezará a mejorar el día que tú y yo nos arrepintamos y decidamos dejar de vivir como si no tuviéramos Dios.

La maldad visible de una sociedad no es la causa de su ruina, es apenas el síntoma. La raíz de toda la corrupción moral es la bancarrota espiritual y la falta de conocimiento de quién es nuestro Creador y de cuál es nuestra verdadera condición delante de Él.

Y esto alcanza su clímax más alarmante en el versículo 6, donde el Juez pronuncia el veredicto: Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento”. ¡Qué palabras tan fuertes! Israel no cayó por la fuerza de sus enemigos ni por una crisis económica; cayó porque vació a su corazón del conocimiento de Dios. Y noten que el texto muestra que esta falta de conocimiento no fue un simple olvido involuntario, fue un rechazo culpable: “Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, Yo también te rechazaré”.

 

Ahora bien, debemos entender qué significa este “conocimiento”. Esta palabra en el original es dáat, la misma palabra que se utiliza en Génesis 4:1 “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín”. No se refiere a una mera acumulación de datos teológicos o académicos. Dáat implica una relación íntima, personal, de pacto y rendición con Dios.

Por lo tanto, no se trata simplemente de que memoricemos los atributos de Dios y los recitemos de memoria para que no nos manden a hacer el curso de Fundamentos I. Se trata de contemplar la majestad de este Dios tres veces santo, rendir nuestras vidas por completo ante Él. Venir en total humillación y decirle: «Señor, en mi naturaleza caída yo ni puedo ni quiero agradarte; pero si Tú quieres, pon en mí el querer como el hacer».

Conclusión

Llegados a este punto del juicio, la gran pregunta que debemos hacernos es: ¿cuál debería ser nuestra respuesta ante la querella que Dios ha presentado contra nosotros?

El profeta Oseas, en el capítulo 6, pone en labios del pueblo el único clamor de esperanza posible: Oseas 6:1-3. Como dice en la versión NTV: “¡Oh, si conociéramos al Señor! Esforcémonos por conocerlo.”.

¡Qué palabras tan asombrosas! Pero detengámonos un segundo a pensar en la paradoja de este texto. El profeta dice que el Señor nos dará vida y que “al tercer día nos resucitará”. ¿Cómo es posible que unos acusados que están muertos en vida, como lo describe Pablo en Efesios 2 —sordos, ciegos, esclavos de sus pasiones e hijos de ira por naturaleza—, puedan levantarse a sí mismos o prometer que volverán al Señor? ¿Cómo puede un Dios tres veces santo, cuya justicia e ira exigen la ejecución de la sentencia contra el pecado, simplemente “vendar” a un criminal rebelde sin violar Su propia ley?

Aquí es donde contemplamos el atributo de Dios que he querido reservar para el final: Su amor perfecto. Un amor que jamás debe entenderse al margen de Su santidad y Su justicia, porque fue precisamente en la Cruz donde la santidad, la justicia, la ira y el amor de Dios se manifestaron de forma gloriosa al mismo tiempo, demostrando la simplicidad de Dios (Dios es indivisible, no compuesto).

¿Saben por qué Óseas profetizaba con tanta certeza que seríamos levantados «al tercer día»? ¡Porque Oseas estaba mirando a lo lejos la tumba vacía de Jesucristo! 

No podremos entrar a la sala del tribunal a defendernos, porque no tendremos excusa: entramos en un ataúd espiritual, condenados por el expediente irrefutable de nuestra rebelión. Merecíamos el peso eterno de la ira divina. PERO DIOS. Y aquí es donde viene ese momento bisagra que todo creyente ha vivido cuando ha sido rescatado por Dios. Efesios 2:4-5.

¿Qué hizo Dios? Dios envió a Su Hijo encarnado al banquillo de los acusados en nuestro lugar. Jesucristo absorbió la querella completa, la sentencia de muerte y el cáliz de la ira santa que nos correspondía a ti y a mí. Él fue desgarrado y herido por nuestras rebeliones. Murió nuestra muerte. Pero al tercer día, el Padre lo resucitó de entre los muertos.

Por eso Pablo escribe en Efesios 2:5 que Dios «nos dio vida juntamente con Cristo». La resurrección al tercer día de la que hablaba Óseas no era un llamado al esfuerzo humano; ¡era la promesa de nuestra unión con la resurrección de Jesús! Nosotros recibimos vida hoy porque el Rey resucitó al tercer día para no volver a morir jamás.

 

IFRAN, nuestro verdadero problema no es la crisis que nos atormenta el lunes por la mañana —ya sean las finanzas, un hijo descarriado, el cónyuge, el jefe, las deudas, la enfermedad o nuestro propio pecado—. la raíz de toda nuestra ruina es haber vivido ignorando al Dios que nos creó. Y nuestra mayor necesidad no es que las circunstancias cambien, sino conocer intencional e íntimamente a nuestro Redentor, Aquel que pagó nuestra fianza en la cruz y nos dio vida eterna.

Si hoy estás aquí y te das cuenta de que sigues arrastrado por la corriente de este mundo, muerto en tus delitos y apartado de Dios, hoy es el día de tu momento bisagra. No salgas de este lugar pretendiendo ignorar al Juez de toda la tierra. Reconoce tu culpabilidad, humíllate ante el estrado, arrepiéntete de tu vana manera de vivir y huye hacia los brazos de Cristo. Él promete perdonarte y darte un nuevo corazón para conocerle y amarle por la eternidad.

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Maicol Pérez 1000 a.m.

En el banquillo de los acusados: El peligro de ignorar a Dios​

📖 Oseas 4: 1-3, 6

🗓 26 de Julio de 2026