¡No escuches voces que te dañan!
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Introducción
En este siglo de cristal ya es muy común leer y escuchar cómo se denigra del ser humano, se ha normalizado el ganar adeptos esculcando el pasado del contrincante para pordebajiarlo y dejarlo a expensas de la lengua mentirosa. Los medios de comunicación se aprovechan de cada situación para hacer amarillismo y ganar raiting.
La mayoría de las personas, más que nada las que se consideran religiosas, de Fe, las que van a alguna iglesia; ven mal el adulterio, que se robe, que se mienta, etc, (esto es real, y está bien que se considere malo). Pero el chisme está tan involucrado entre nosotros que nadie le presta atención, por el simple motivo que entretiene, convirtiéndose en algo normal, algo cotidiano, al punto de culturizarse
es tan común, que nadie piensa que al hacerlo está pecando.
Muchos en la iglesia condenan a otros por sus pecados, pero ellos andan arrastrando la lengua por todos lados.
la Biblia dice en Proverbios: “seis cosas aborrece Jehová, y aún siete abomina su alma: los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos”
La persona que practica el chisme tiene una naturaleza satánica. Escuche esto que le quiero decir, y no quiero sembrarle miedo, quiero que el temor de Dios este en su corazón
La palabra diablos viene de la palabra griega diábolos, ¿sabe que significa diábolos? Calumniador, chismoso, acusador, uno que siembra dardos en la mente de la gente para causar contienda.
Cuál es el trabajo del diablo, el que muestra Apocalipsis 12:10, “…porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.”
Esto quiere decir que la persona que se mueve en el chisme, se está moviendo o anda caminando en la misma naturaleza satánica. En otras palabras, le ayuda al diablo a extender su ministerio.
¡“El Chisme es la necesidad interna de espiar la vida ajena”!
“Si la Presencia de Dios no domina la vida de una persona, el Ser Humano se termina convirtiendo en la marioneta del Chisme.”
Sabe por qué una persona es chismosa, porque está ociosa, no tiene nada para hacer y termina chismeando de casa en casa.
La palabra chisme proviene del griego, de la palabra “pularos” y significa literalmente: Murmurar, Parlotear en contra de alguien. Parlotear significa: “Hablar mucho y sin sustancia…” es andar de persona en persona poniéndolos uno contra otros.
Cuando el espíritu de chisme está en mi, voy de un lugar a otro sembrando discordia, diferencia, en unos y otros.
“los chismosos encuentran a personas débiles en su interior, que tienen graves problemas de autoestima y le hablan mal de otros y los compromete moralmente desenfocándolos de lo bueno”.
La murmuración tiene una máxima: ¡YO TE CUENTO, PERO NO LE CUENTES A FULANITO DE TAL, ¡ES QUE YO NO QUIERO PROBLEMAS!”
La murmuración te roba la paz, inquieta tu corazón y lo entenebrece, te amarga y le dañas la tranquilidad a los que te rodean.
Santiago 4:11-12
Sea murmuración, difamación o chisme la Biblia prohíbe hacerlo porque estamos creando una mala imagen del otro en la mente de quien escucha.
Hablar mal puede ser murmurar, difamar, calumniar y está tan generalizado que apenas parecemos notarlo. A pesar de nuestra despreocupada actitud, el difamar es un pecado muy destructivo. La murmuración ataca la dignidad de las personas, denigra su personalidad y destruye su reputación, su más preciado bien terrenal. La sociedad humana reconoce la gravedad de la difamación y aprueban leyes que permiten a aquellos cuyo buen nombre es calumniado, demandar por difamación de su persona.
Parece que Santiago pensó que le hacía falta algo sobre la lengua y presenta otro elemento para ayudar a los creyentes a controlar su lengua y evitar la murmuración, Santiago nos exhorta a examinar cuatro aspectos de nuestro pensamiento:
A.- LO QUE PENSAMOS DE LOS DEMÁS:
Antes de continuar vamos a definir varios términos que se incluyen en ese no hablar mal:
Murmuración: hablar negativamente de alguien en su ausencia, diciendo cosas que son verdaderas pero que podrían herir su reputación o dignidad. Puede ser verdad, pero se dice sin que la persona esté presente y con mala intención.
Calumnia: atribuir falsamente a alguien hechos o palabras que dañan su reputación.
Chisme: rumores o comentarios sobre otros, generalmente sin confirmar, con tono de burla o curiosidad. Puede ser verdad o mentira,
Difamación: comunicar a otros información, puede ser verdadera o falsa, que daña la imagen de una persona. Se hace públicamente y con intención de perjudicar
Sea murmuración, difamación o chisme la Biblia prohíbe hacerlo porque estamos creando una mala imagen del otro en la mente de quien escucha.
Y esto es la antítesis de lo que se espera y es aceptable en una familia, cuyos miembros deben amarse, apoyarse y protegerse mutuamente. Aunque los cristianos deben esperar murmuraciones de los que no están en la iglesia, la murmuración dentro de la iglesia es inaceptable
La Biblia dice en Gálatas 5:14-15 (azul)
Pablo muestra la imagen de cómo los animales salvajes se atacan y devoran entre sí, una demostración gráfica de lo que sucede en el campo espiritual si los creyentes no se aman y sirven unos a otros.
La advertencia de nuestro Señor en Mateo 18:6 “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” refleja la seriedad de murmurar de otros creyentes, mejor sufrir una muerte horrenda, dijo Jesús, que ofender a otro creyente.
Después de advertir a sus lectores que no murmuraran los unos de los otros, Santiago con autoridad advierte a los que juzgan al hermano, que lo dejen de hacer.
Juzgar aquí no se refiere a una sana evaluación, sino a una condenación. Sí a los demás creyentes se les ve como los escogidos por Dios, por quienes Cristo murió, que son amados y exaltados por Dios y con quienes pasaremos la eternidad en el cielo, buscaremos honrarlos, amarlos y protegerlos.
El primer paso para evitar el pecado de la murmuración no es mantener sellados nuestros labios, sino tener pensamientos correctos sobre los demás. Fil. 4:8 (amarillo)
Un comentarista sugiere que nos hagamos 3 preguntas antes de hablar de otra persona:
1.- ¿Qué bien le hace este comentario a la otra persona?
2.- ¿Qué bien me hace este comentario que estoy a punto de hacer?
3.- ¿Qué Gloria le da a Dios el hecho de que yo comparta esta información?
O También podemos recordar la historia de Aristóteles con su discípulo.
¡Lo que dices de otros dice mucho de ti!
Hablar mal de otro nos hace daño a nosotros mismos, ya que endurece nuestros corazones hacia esa persona, afecta nuestra imagen y también daña a quienes nos escuchan, porque los predisponemos en contra de esa persona.
Y si esto ocurre entre nosotros como creyentes, es muy grave porque destruye el espíritu de unidad que debe gobernar nuestra comunidad de fe. Como vimos en el estudio de “La Lengua”, Si estamos en ese proceso de santificación donde la meta es la transformación del corazón, la forma en que hablamos es la prueba de esa transformación o de la corrupción del corazón, y como dijo El Señor Jesucristo “de la abundancia del corazón habla la boca”.
B.- LO QUE PENSAMOS DE LA LEY:
Como el amar a los demás es fundamento de la ley del amor “Amar a Dios y a los demás” y la murmuración muestra falta de amor por otros, entonces la murmuración es una violación de la ley. Cuando hablamos mal de alguien, no estamos amando ni la imagen de Dios en esa persona ni a la persona misma.
Santiago ¡NO! condena la murmuración sólo como una violación del afecto personal o de la elemental bondad humana, sino de la santa Ley de Dios.
Como murmurar es una violación de la ley del amor, el murmurador habla en contra de la ley y desaprueba la ley, mostrando así un desinterés total por las normas divinas.
Y si usted se pone por encima de la ley de Dios, advierte Santiago, usted no es hacedor de la ley, sino juez. Lo que significa eso es que el que hace caso omiso de la ley de Dios, en realidad afirma ser superior a la ley de Dios, no estar sometido a ella ni a su autoridad.
El que habla mal de su prójimo se erige en juez y se atribuye el derecho a quebrantar la ley y, por tanto, se condena a sí mismo.
C.- LO QUE PENSAMOS DE DIOS:
Uno solo es el dador de la ley que puede salvar y perder, (Solo hay un dador de la ley y juez, que es poderoso para salvar y para destruir).
Al ponerse por encima de la ley, los que hablan mal, también tratan de ponerse por encima del único verdadero dador de la ley, Dios mismo. Tal insensatez pone al pecador a la par de satanás, que procuró sin éxito usurpar el trono de Dios.
El calumniar a nuestro prójimo es, de hecho, sentenciarlo. Y ningún ser humano tiene derecho a juzgar a otro; ese derecho le pertenece y corresponde solamente a Dios.
Dios, y solamente Dios, insiste Santiago, es el legislador y el que aplica la ley; él dio la ley y juzgará a los hombres por su ley.
Solamente él, porque conoce el corazón y los motivos de los hombres, puede aplicar perfectamente la ley que ha dado. Dios, continúa Santiago, puede salvar a los que ponen su fe en Cristo, y destruir (perder) a los pecadores incontritos; así es como explica su ley.
El pecado de la murmuración, advierte Santiago, no es un asunto trivial, es una traición desvergonzada y temeraria contra el soberano legislador y juez del universo.
Pablo dijo a los corintios en 1ª Co. 4:5 (roja)
D.- LO QUE PENSAMOS DE NOSOTROS MISMOS:
Pero tú ¿Quién eres para que juzgues a otro? los que murmuran de otros revelan una exagerada perspectiva de su propia importancia. En una punzante reprensión, Santiago exige ¿quién eres para que juzgues a otro? Juzgar a los demás o murmurar de ellos, es la antítesis de la humildad, que es lo que Santiago quiere que nosotros entendamos y manifestemos.
Los que regularmente se ocupan en tales conductas hacen que se dude de la autenticidad de su fe.
Más que jueces somos dignos de ser juzgados. El Señor Jesús dijo en Mt. 7:1-2 “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido”. Con esto, el Señor Jesús nos demuestra las consecuencias de mantener una actitud de juicio.
Después de estas palabras, el Señor Jesús agrega Mt. 7:3-5 “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: ¿déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”,
El señor Jesús, nos enseña que muchas veces, teniendo nosotros una falta mayor, condenamos faltas menores en los demás. Y lo peor muchas veces condenamos lo mismo que practicamos:
Ro. 2:1-3 (violeta)
LO QUE DICES DE OTROS, DICE MUCHO DE TI y Cuando juzgamos, en el sentido de condenar terminamos juzgando lo que no conocemos, lo que no entendemos y lo que no debemos. Dice el Pastor Miguel Núñez
Santiago en este texto 4:11-12 está haciendo una advertencia contra el juicio malicioso y arrogante, no como una prohibición de la corrección amorosa y bíblica cuando un creyente causa daño.
Y es el punto que quiero que analicemos, porque ustedes seguramente me van a preguntar: pero en Jn. 7:24 dice: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” Y en 1Co. 5:12-13: Pablo exhorta a juzgar dentro de la iglesia los casos de pecado. Y en Mt. 18:15-17: Jesús establece un proceso para confrontar el pecado entre hermanos.
La biblia enseña tanto a no juzgar como a juzgar con justicia.
El no juzgar de Santiago, se refiere a evitar la condena hipócrita, especialmente cuando uno mismo está en pecado. Es una advertencia contra la arrogancia espiritual.
Juzgar con justo juicio implica discernimiento espiritual, especialmente en la iglesia. La disciplina eclesiástica es bíblica y necesaria, y debe ejercerse con humildad, justicia y misericordia.
Juzgar como Jesús nos enseña no es señalar con el dedo, sino mirar con amor y verdad para ayudar a otro a ver lo que está mal, como un médico que diagnostica para sanar, no para condenar.
¿Cómo podemos diferenciar entre un juicio sano y uno enfermizo?
Juzgar maliciosamente se hace sin amor ni verdad. Busca humillar o condenar. Se basa en rumores, exageraciones o intenciones ocultas.
Corregir bíblicamente se hace con humildad y compasión. Busca restaurar al hermano. Se basa en hechos claros y se sigue el método enseñado en la Biblia.